Minimalismo

¿Enemigo de la mercadotecnia?

Podría decirse que el minimalismo se describe en tres palabras menos es más. No sólo es una corriente artística de mediados de los años 60, que consistía en utilizar el mínimo de elementos y mantener las obras y los espacios simples. Hoy, la filosofía del minimalismo está permeando en otros ámbitos, llegando incluso a ser adoptado como un estilo de vida.

Los minimalistas buscan liberarse de cosas materiales que son innecesarias, tener espacios despejados, poner orden en un mundo caótico; también tienen más conciencia del medio ambiente, se esmeran en reducir el desperdicio o basura, ya que al generar menos residuos dejan menos huella contaminante.

El minimalismo no se trata de renunciar a todas las cosas materiales, se trata sólo de “viajar ligero”. Esto porque se cree que al tener menos posesiones se tiene mayor libertad para tomar decisiones.

Un minimalista busca vaciar los espacios y no volver a llenarlos, cuando entra a su vida una cosa, sale otra, de manera que no acumula. Se trata de mantener el equilibrio entre tener cosas de sobra y no tener nada, conservando, más bien, lo que es importante, ya sea por su función o por algún motivo justificado que haga tener apego a un objeto.

Por ejemplo, alguien en lugar de tener 20 pares de zapatos opta por quedarse con los más combinables, o alguien que en lugar de tener un auto en el garaje que nadie usa prefiere venderlo. Incluso, el término también se puede aplicar para hacer alusión a aspectos mentales, cuando se pretende centrarse en lo importante en lugar de tener una maraña de muchos pendientes.

Las personas que viven bajo los principios del minimalismo reducen sus pertenencias y sus necesidades, incluso se dice que renuncian al consumismo. Eso nos lleva a reflexionar acerca del papel de la mercadotecnia en este segmento.

Si la mercadotecnia es el conjunto de actividades encaminadas a satisfacer las necesidades y deseos de los individuos, ¿qué tiene que hacer la mercadotecnia en este segmento que actúa de manera contraria a lo esperado? ¿Cómo satisfacer esas mínimas necesidades?

El mercadólogo que trabaja con este segmento debe entender que sus compras son más funcionales que hedónicas, es decir, el minimalista compra menos por placer o por impulso porque antes de realizar cualquier compra se pregunta si realmente lo necesita. Prefiere comprar menos y dejar de endeudarse.

Aunque parezca difícil pensarlo, hay una oportunidad de negocios interesante en el segmento minimalista. Por ejemplo, en la moda, este segmento prefiere tener un guardarropa pequeño pero versátil. Esto abre, sin duda, una oportunidad para que las tiendas de ropa ofrezcan ropa durable, de diseños clásicos y que pueda adaptarse a diferentes ocasiones.

Los modelos de renta de ropa representan también una buena opción para el segmento minimalista, ya que, al tener un guardarropa muy básico, cuando requiera algún outfit diferente o especial, la opción de renta es atractiva para no acrecentar su clóset con prendas de poco uso.

Existe también en el mercado una oferta de servicios de organización de espacios en casas y oficinas. Estas empresas sugieren transforman cualquier espacio en un oasis minimalista y ayudan a sus clientes a determinar qué se queda, qué se vende, qué se dona, o qué se desecha. Para el caso de los muebles, este segmento no busca muebles pequeños y vistosos, sino funcionales. Por ejemplo, muebles que tengan varios usos, o donde se pueda guardar cosas para ocultarlas de la vista y lograr el espacio despejado que tanto disfrutan.

En cuanto a los electrodomésticos y aparatos de electrónica, los minimalistas prefieren aquellos que ofrecen varias funciones en uno en lugar de tener un aparato para cada función. Por ejemplo, optan por un buen celular que integre cámara, escáner, grabadora, agenda, mapa y diccionario en un solo aparato, o una lava-secadora, en lugar de los dos electrodomésticos por separado.

Finalmente, este es el segmento que disfruta más gastar en experiencias. Al no acumular cosas materiales, los minimalistas disfrutas más las experiencias y están dispuestos a pagar más por ellas. En este rubro se abre una amplia gama de posibilidades, desde conciertos, cenas, y viajes hasta clases de baile y entrenadores a domicilio.

En resumen, el minimalismo no sólo es una respuesta a la búsqueda de una vida más simple y significativa, sino que también puede ser una estrategia eficaz para las empresas que desean conectar con una audiencia que valora la calidad sobre la cantidad y la autenticidad sobre la exageración.

La armonía entre el minimalismo y la mercadotecnia demuestra que, en el mundo empresarial, a veces menos es más.


La autora es profesora e investigadora del Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe y afiliada al Centro de Comercio Detallista.

Artículo publicado originalmente en El Financiero.

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