¿Más gobierno = menos desigualdad?

Artículo publicado en la columna Glosas Marginales del periódico Reforma

Debo a un buen amigo la recomendación de un libro reciente, relevante y muy debatible. Me refiero al volumen editado por Olivier Blanchard y Dani Rodrik (ByR), titulado Combating Inequality: Rethinking Goverment's Role, que agrupa 33 artículos breves, escritos por economistas y sociólogos --la mayoría de ellos académicos de carrera--. Los trabajos fueron presentados en una conferencia que data de octubre 2019.

El título del libro transmite el mensaje que ByR quieren enviar: la desigualdad es un problema y el gobierno puede (y debe) combatirla. Ningún participante en la conferencia, dicen ByR, cuestionó la opinión de que la desigualdad es un problema de primer orden, que requiere atención significativa por parte de las políticas públicas. Con franqueza, ByR reconocen que la selección de los invitados hacía previsible el consenso señalado. A mi juicio, fue un caso claro de sesgo confirmatorio. Me imagino que, si entre los ponentes hubieran estado, por ejemplo, Deirdre McCloskey, Xavier Sala-i-Martin, Angus Deaton y Gerald Auten, las controversias habrían sido quizás enconadas y los disensos más marcados.

ByR aceptan que no hubo acuerdo en cuanto a los remedios propuestos, lo cual no resulta sorprendente. El tema es muy difícil no sólo en lo técnico sino sobre todo en lo político y en lo filosófico.

Este artículo no pretende, ni de lejos, revisar el contenido de la obra citada, que cubre muchas facetas del complejo asunto de la distribución del ingreso y de la riqueza. Me limitaré a unos cuantos comentarios, referidos a algunos planteamientos que me parecieron provocativos.

El Capítulo 10, titulado Education's Untapped Potential, destaca el rol de un instrumento nivelador de reconocida eficacia, pero de uso muy desigual: la mejoría de la educación. El autor, T. Shanmugaratnam, sugiere un enfoque que abarca desde la niñez temprana hasta la educación continua, con énfasis en un rebalanceo en favor del aprendizaje aplicado. (No sobra reiterar en este punto el lamentable estado de la educación pública en México, sobre todo la primaria y la secundaria --PISA dixit--).

En el Capítulo 14, N. Gregory Mankiw, un profesor de economía de Harvard, propone un impuesto progresivo al gasto en lugar de un impuesto a la riqueza, para reducir la desigualdad. El argumento es el mismo que planteó N. Kaldor allá por el final de los cincuenta del siglo pasado: es ineficiente castigar el ahorro. La tesis es razonable: así lo aprendí en 1964, en un curso de finanzas públicas en la Facultad de Economía, U.N.L.

El Capítulo 15 es de la autoría de Lawrence Summers, a quien muchos califican como un gran economista, y de quien yo opino que es un economista muy influyente (parafraseando sin pudor a George Stigler). Summers analiza la sugerencia de un impuesto sobre la riqueza, para reducir la desigualdad. En particular, cuestiona las afirmaciones usuales sobre "la erosión de la progresividad del sistema tributario de Estados Unidos y el aumento de la desigualdad de la riqueza". Su crítica (durísima) se dirige expresamente a las estimaciones famosas de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, y las contrasta con otras más precisas. Las diferencias son muy grandes: el aumento del ingreso del 1% más alto de la población, desde 1960, es 1.7% en lugar del 11.3%. En lo que toca a la riqueza, Summers admite, citando a otro autor, que "la concentración de la riqueza es desconocida y por tanto cualquier estimación de la recaudación potencial de un impuesto es altamente incierta". Y concluye que su "consideración política seria es prematura".

El Capítulo 18, Innovation and Inequality, de Philippe Aghion, muestra empíricamente que el aumento de la desigualdad del ingreso y la innovación están correlacionados. La innovación, dice, impulsa el crecimiento de la productividad y promueve la movilidad social. En el proceso, el mayor ingreso del innovador lo separa del resto de la población. La dificultad surge cuando esa posición le permite obstaculizar (mediante cabildeo) las innovaciones adicionales. La cura es preservar la competencia.

Y así por el estilo.

El autor es profesor de Economía y Finanzas en EGADE Business School.

Artículo publicado originalmente en Reforma.

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