La inflación, el Fed y sus críticos

Artículo publicado en la columna Glosas Marginales del periódico Reforma

El vuelo de los palomos

En los meses más cercanos al actual, la inflación ha alcanzado niveles extraordinarios en Estados Unidos, provocando un muy intenso debate entre los especialistas. Por un lado, el Fed y sus apoyadores argumentan que se trata de un problema "transitorio", vinculado con el Covid-19 y con sus consecuencias. Por el otro, los críticos señalan que las limitaciones de la oferta, frente al (súper) estimulado vigor de la demanda, presagian una prolongación del fenómeno.

En concordancia con cada una de esas visiones encontradas, el Fed ha mantenido una política monetaria históricamente laxa, mientras sus cuestionadores plantean la necesidad de moderarla, e incluso de abandonarla.

En mi opinión de observador externo, el Fed persistirá en una postura riesgosa, con ajustes marginales. ¿Por qué? Porque es la políticamente correcta, considerando la posición fiscal (súper) expansiva de la administración Biden -la cual, por cierto, es sólo una extensión de la adoptada por su antecesor-.

Además de bajar su tasa de interés a prácticamente cero, el Fed ha estado comprando en forma masiva todo tipo de valores financieros en el mercado, creando dinero para pagar por ellos. Por su magnitud, los números resultan difíciles de apreciar. En el verano de 2008, al inicio de la Gran Recesión Mundial, el Fed tenía unos 900,000 millones de dólares de activos en su balance; un año después, la cifra había aumentado a 2,000,000. Al principio de 2020, antes de la aparición del Covid-19, el rubro en cuestión era de 4,200,000 millones; para el pasado mes de agosto, el renglón referido casi se había duplicado, llegando a 8,300,000 millones.

El pasado viernes 27, Jerome Powell anunció que el Fed disminuirá sus compras de valores antes del fin de este año. Desde luego, no especificó fechas ni montos. Y agregó que ello no implica la cercanía de un alza de la tasa de interés oficial. Retórica aparte: nada sustantivo.

Vale notar que, durante el año y medio recientes, el Fed ha adquirido (monetizado) la mitad del enorme incremento de la deuda del gobierno federal. En concreto: el fisco gasta y se endeuda, y el Fed financia sus pasivos. No es casualidad que la titular del Departamento del Tesoro, Janet Yellen, esté apoyando la repetición de Jerome Powell como cabeza del Fed. Son aves del mismo plumaje (palomos, en el lenguaje de los comentaristas económicos).

¿Qué sigue? A mi juicio, persistirán las presiones alcistas sobre los precios, simplemente porque el crecimiento del gasto -público y privado-, está excediendo la capacidad de respuesta de los productores.

Más todavía. Según un distinguido profesor de Stanford (Michael Boskin), la administración Biden está subestimando los riesgos del endeudamiento público. A la letra, dice Boskin: "Históricamente, la acumulación de una gran deuda ha sido seguida por lo común de problemas serios: lento crecimiento, alza de la inflación, crisis financiera, o todo ello". Ojalá no tenga razón.

El Covid-19 y la inflación, allá y aquí

De paso, una comparación de la inflación de México con la de Estados Unidos, durante el pasado inmediato, da pie a un par de apuntes quizá relevantes: 1.-las restrictivas políticas gubernamentales contra la pandemia provocaron un descenso del ritmo de alza de los precios en las dos economías, llevándolo a 2% en México y a casi 0% en Estados Unidos; y, 2.-el relajamiento de las limitaciones, y (allá) el acentuamiento de las medidas estimulantes, han causado un fuerte repunte de la inflación en ambos casos -quizá con una tendencia de la tasa a estabilizarse en un nivel muy alto-. A mi entender, los movimientos de la demanda han sido el factor principal tanto en la reducción como en el ascenso del problema.

El autor es profesor de Economía en la EGADE, Business School.

Artículo publicado originalmente en El Financiero.

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