Bye bye Friedman

Llegaron los cuestionamientos a la teoría de Milton Friedman en torno a que la única responsabilidad social de las empresas es maximizar el valor del accionista

Este lunes, en una declaración titulada The purpose of a corporation (El propósito de una corporación), Jamie Dimon, Chairman y CEO de JPMorgan Chase & Co. y Chairman del Business Roundtable, un lobby norteamericano que agrupa a los máximos líderes de 180 grandes corporaciones como Apple, Pepsi, Walmart o Amazon, anunció que la “maximización del valor del accionista” ya no es la prioridad principal de las organizaciones y que éstas deben poner el foco en crear un sistema económico que sirva a todos los estadounidenses.

Más allá de la discusión de si éste es un cambio real de rumbo en las prioridades de las grandes corporaciones y en la definición de su propósito, o si es un efectista y cosmético anuncio en un entorno hostil hacia las mismas, éste es un movimiento más en un cambio de ciclo y modelo de lo que hoy entendemos por capitalismo.

De aquí el título de esta columna, ¿es éste un adiós definitivo a las teorías de Milton Friedman, el mayor representante de la Escuela de Chicago, y del neoliberalismo económico? En plena batalla intelectual con las tesis de la entonces predominante escuela de economía de Viena (Von Mises y Hayek como máximos exponentes) y un muy polémico artículo publicado en 1970 en el New York Times, Milton Friedman dio origen a lo que hemos conocido como “capitalismo del accionista” cuando afirmó que “la única responsabilidad social de las empresas es la de incrementar sus beneficios”, lo que por ende se concretó en “maximizar el valor de los accionistas” como objetivo supremo de las empresas.

Las ideas de Friedman y de sus correligionarios de la Escuela de Chicago han estado presentes como una obsesión en las salas de Consejo, en las Memorias Anuales de las grandes corporaciones y en los idearios y programas de muchas Escuelas de Negocios en las últimas cuatro décadas, con las perniciosas consecuencias de perpetuar modelos de negocio centrados sólo en el lucro, en agravar la brecha social y polarizar el debate entre empresa y bienestar.

Una de las primeras reacciones sólidas frente al “capitalismo del accionista” se da en 2006 y con más claridad en 2011, cuando el profesor de Harvard Business School, Michael Porter, empezó a publicar en Harvard Business Review sobre el concepto de valor compartido. En esta teoría de shared value, Porter desarrolla una premisa clave para entender la declaración de ayer del Business Roundtable, a saber: la competitividad de una empresa y la salud integral de las comunidades a las que sirve son mutuamente interdependientes. La empresa, en definitiva, como motor de progreso, innovación, riqueza colectiva y empleo será mas rentable cuanto más afluentes sean los miembros de las comunidades que soporta.

Más adelante en el tiempo, y como origen de un movimiento denominado “Capitalismo Consciente”, John Mackey, empresario y fundador de Whole Foods Markets, líder en supermercados sostenibles adquirido recientemente por Amazon, todavía discrepaba de los corolarios de Milton Friedman y señalaba en una intervención en la Reason Foundation que “estoy muy en desacuerdo con Friedman. Soy un empresario y un libertario del libre mercado, pero creo que la empresa inteligente debe crear valor para todos sus socios. Desde la perspectiva del inversor, el fin de los negocios es maximizar las ganancias. Pero no es el fin de otros stakeholders, clientes, empleados, proveedores y la comunidad. Cada uno de estos grupos definirá el objetivo de la firma en términos de sus propias necesidades y deseos, y cada perspectiva es válida y legítima”.

A pesar de la existencia en las últimas décadas de un buen número de corporaciones mexicanas y latinoamericanas que han impulsado modelos de capitalismo más consciente y han elevado el bienestar de sus clientes, empleados y sociedades reinvirtiendo en la sociedad parte de sus beneficios, la realidad es que ese capitalismo del accionista de los “Chicago Boys” ha tenido un efecto pernicioso en el desarrollo y la movilidad social del continente.

Hoy, como publica McKinsey Global Institute en su reciente informe Latin America’s missing middle: Rebooting inclusive growth (El centro perdido de Latinoamérica: Reiniciando el crecimiento inclusivo), a pesar de que el índice de pobreza ha bajado del 15% desde el año 2000, todavía un cuarto de la población latinoamericana se encuentra en situación de vulnerabilidad extrema, las clases medias se han encogido de manera grave y el poder adquisitivo de la población se ha reducido. En el caso de México, hoy un 60% de la población vive en condiciones de pobreza y los salarios se han mantenido planos incluso en sectores con productividad y beneficios al alza.

Publicado originalmente en Expansión.

Ir a opinión
EGADE Ideas
in your inbox