¡Alto! Reinicio y cambio para un crecimiento sostenible circular y económicamente competitivo

La lección que nos deja la pandemia es evidente: debemos romper los esquemas tradicionales y rediseñar nuestras organizaciones bajo nuevas directrices

Seríamos ingenuos si pensáramos que la era de después del COVID-19 (DC) generará solo un ajuste a los indicadores convencionales que durante décadas marcaron el crecimiento económico y el desarrollo social del planeta.

Tras la pandemia, el ecosistema natural se ha desbalanceado, la época DC tendrá que manejar las consecuencias de un desastre social, económico y ambiental de niveles universales. La transición será un periodo rompiente, bajo una crisis desestabilizadora que impactará a todos los sectores sociales, industriales y gubernamentales, para la que nunca nos habíamos preparado adecuadamente.

Los expertos coinciden en que retornará con cambios el mundo DC en algunos  aspectos como:

  • La industria operará bajo las directrices de la 4ª Revolución Industrial y las tecnologías 5G.
  • Los modelos de negocios relocalizarán sus cadenas de suministros donde sean más convenientes.
  • La globalización seguirá exprimiendo y destruyendo recursos naturales y humanos donde sean más baratos o fáciles de extraer.
  • El consumismo migrará mayormente al comercio electrónico; en los servicios digitales, que desbancarán los anticuados estándares de servicio, mercadotecnia y calidad al cliente del siglo pasado.
  • Las ciudades tratarán de reducir la base de sus pirámides y la brecha de la distribución de la riqueza.
  • Las emisiones probablemente se reducirán con los vehículos eléctricos y las buenas prácticas de reciclamiento.
  • Los legendarios sistemas educativos probablemente se convertirán en empresas comercializadoras de conocimiento.

Si bien las anteriores tendencias son posibles, hay dos situaciones que pueden alterar su realización. Primero, cualquier crecimiento e innovación tendrá su límite, pues hará que la naturaleza se estrese a nuevos máximos y llegue a reaccionar más enérgicamente a como lo hizo en el pasado. Segundo, debido a los largos meses de recesión económica, la clase media del DC se ha vuelto más vulnerable y susceptible a protestar por las malas decisiones gubernamentales, creando un ambiente tóxico para el crecimiento.

La realidad es que no habrá retorno a los indicadores de antes del COVID-19 (AC).

Pero la innovación y la adaptación de la humanidad presenta una ventana de gran oportunidad, compleja, pero con esperanza, como lo ha descrito K. Schwab, fundador del Foro Económico Mundial (WEF): “Esta época nos hará repensar, reimaginar y reiniciar -reset- nuestro mundo”.

Efectivamente, necesitamos un “Gran Reset” (llamado así por R. Florida) similar al que ocurrió en los años 1930 en los EE. UU., que fue la década tecnológicamente más progresista del siglo XX, que, según algunos historiadores económicos, superó a la revolución tecnológica de fines de siglo. El reto es enorme, pues nuestras actuales estructuras organizacionales, tecnológicas y culturales casi piensan en forma opuesta, todos los componentes de la ecuación de crecimiento quieren crecer sin limites y desarticuladamente, en un planeta en el que todos sus recursos son finitos. 

Es imposible seguir creciendo sin dos fundamentos clave. Una visión sistémica de inclusión y articulación todos los componentes del ecosistema natural, y una nueva dinámica de integración y regeneración, la economía circular.

Estos dos conceptos serán necesarios, para eliminar el enfoque reduccionista y lineal del crecimiento. Al crecer la industria linealmente, se generan más basuras, residuos tóxicos, productos obsoletos, desigualdad, estrés sobre la población, violencia, inseguridad y migraciones. Y al actuar en forma reduccionista, las soluciones serán limitantes, miopes, centradas en pequeños núcleos de poder, no transparentes, y de plazos electorales.

Esta compleja ecuación, por donde quiera que se vea, no tiene una solución simple y sostenible y debe de replantearse con mayor razón en la nueva era DC y resolverse de forma más creativa, sistémica e innovadora.

Si todos quieren crecer, hay que desacoplar el crecimiento económico y el desarrollo social del daño y consumo de recursos ambientales finitos; hay que “circularizar” las cadenas lineales y crear y articular flujos y “sistemas” centrados en la generación de una riqueza sustentable para todos los stakeholders de las regiones.

La propuesta deberá sustituir los recursos naturales, reusando, re-manufacturando, regenerando y rediseñando las cadenas lineales de suministro y producción en múltiples estructuras de cero-residuos, para luego integrarlas en clusters de sistemas circulares de valor extendido. En estos clusters se crean nuevos negocios, nuevos empleos, nuevas oportunidades de cero-emisiones y simultáneamente se regeneran suelos, agua, atmósfera y biodiversidad, en forma responsable, desarrollando una nueva economía enfocada a la creación de riqueza sustentable, consciente y distribuida, que sea socialmente equitativa e incluyente, ambientalmente recuperable y, por supuesto, económicamente viable y competitiva.

EGADE Business School recientemente publicó el Decálogo para la Refundación Económica-Empresarial de México, donde se hace un llamado a reimaginar, reinventar y reconstruir un nuevo comienzo en nuestro país, por medio de,  “Apalancar la recuperación económica basada en la sostenibilidad y en la innovación”, actividad muy alineada a este enfoque.

Las lecciones que nos deja el COVID-19 son evidentes: debemos romper los esquemas tradicionales y rediseñar empresas, instituciones, sociedades y gobiernos, bajo nuevas directrices: arrancar de cero definiendo nuevos enfoques, normas y metas; desacoplar el crecimiento económico del impacto ambiental y social; y crecer en forma armónica con la naturaleza.

La pandemia, el calentamiento global, la acidificación de los océanos, las deudas nacionales, la brecha social, han sido señales que no hemos sabido escuchar ni capitalizar. Por eso este reinicio deberá ser disruptivo, consciente, ético, justo, sistémico y resiliente, para generar una prosperidad sustentable para toda la humanidad.

Artículo publicado originalmente en Forbes.

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