El gigante y los aranceles

Artículo publicado originalmente en la sección Glosas Marginales del periódico Reforma

El Gigante Disminuido n 1988, J. Bhagwati (JB), un profesor de economía de la Universidad de Columbia y uno de los más grandes expertos en comercio internacional, publicó un estupendo libro con un título sencillo: Protectionism. En la página 65, planteó una hipótesis provocadora, que llamó El Síndrome del Gigante Disminuido.

Estados Unidos, decía entonces JB, sigue siendo una potencia dominante, pero ha sido testigo de una erosión de su predominio (en aquella época, frente a Japón). Dicha erosión, concluía el autor, ha producido una reacción proteccionista.

En los años más cercanos al actual, la hegemonía estadounidense se ha desgastado por la ascendencia económica y política de China.. y la reacción ha sido exactamente la misma que la descrita por JB hace 36 años: un proteccionismo cuyo lema ahora es Make America Great Again.

Aranceles para principiantes Hará cosa de cinco años que participé en una reunión internacional en la que tuve la oportunidad de conocer a Douglas A. Irwin, un distinguido profesor de economía de Dartmouth College. Por entonces, ya había leído tanto un excelente libro de su autoría, titulado Free Trade under Fire -en su cuarta edi ción- como varios de sus articulos sobre política comercial externa. Entiendo que acaba de publicarse una quinta edición del libro en cuestión, actualizado. No me extraña, dados los tiempos que corren.

Como decía Irwin en el prefacio de su texto, el libre comercio siempre (siempre) está bajo fuego. La razón es muy sencilla. El argumento en favor del libre comercio está basado en la lógica y en evidencia: no es un dogma de fe. Sin embargo, su vigencia implica el perjuicio de intereses creados, a menudo muy poderosos políticamente. Esto último explica la recurrencia del proteccionismo.

Como se sabe de sobra, el comercio internacional libre está una vez más bajo fuego, esta vez muy intenso, debido a la amenaza de los aranceles trumpianos. El asunto ha desatado una infinidad de reacciones a nivel mundial. Como era de esperarse, una parte de ellas se basa en buenas razones, otra consiste en respuestas viscerales otra más, para decirlo con franqueza, manifiesta pura ignorancia. Es infructuoso ocuparse de la mayoría de ellas. Es más útil destacar, siguiendo a Irwin (Three Simple Principles of Trade Policy), algunas características clave del proteccionismo en su forma mas frecuente: los aranceles. Casi es ocioso agregar que lo que sigue es una abreviatura de un tema muy complejo.

  1. 1.-Un arancel es simplemente un impuesto a las importaciones. Su efecto inmediato es elevar el precio del artículo extranjero gravado. Esto es lo más visible. La intención de la medida es reducir las compras al exterior, en beneficio del fisco y del productor interno. Por lo común, se destaca que ello resulta en perjuicio de los consumidores. Sin embargo, está claro que daña de igual manera a los productores que utilizan el producto en cuestión como insumo, quienes resentirán un aumento de costos.
  2. Como algunos de dichos productores son probablemente exportadores, es lógico concluir arancel, fin de cuentas, es también indirectamente un impuesto las exportaciones. En consecuencia, el gravamen puede tener efectos contrapuestos sobre la balanza comercial: de un lado, reduce las compras al exterior; del otro, desalienta las ventas.
  3. Cuando en una economía el valor de las importaciones de bienes y servicios excede al valor de las exportaciones correspondientes, se dice que tiene un déficit. ¿Cómo se financia? Esto es, >cómo se paga? Necesariamente, en una de dos formas: o con un endeudamiento adicional con el exterior, O con un aumento de activos nacionales en manos de los extranjeros.


Sin esa contraparte, el déficit no podría ocurrir.

Así pues, lamentar la existencia de un déficit comercial (que se pretende corregir con un arancel) y, al mismo tiempo ignorar (o incluso festejar) una entrada de capital (un superávit financiero), es una incongruencia.


El autor es profesor de Economía de EGADE Business School.

Artículo publicado originalmente en Reforma.

 

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