Dos noticias (no tan) buenas

Artículo publicado en la sección Glosas Marginales del periódico Reforma

La inflación rutinaria

En la primera quincena de octubre 2023 los precios al consumidor (INPC) aumentaron 4.3% con respecto a su nivel un año antes. Muchos comentaristas calificaron el dato como “buena noticia”. Desde luego, tienen razón (pero no toda). La cifra ha venido descendiendo en general desde agosto del año pasado, cuando alcanzó 8.8%. So far, so good.

Sin embargo, el asunto admite otro punto de vista, más relevante en la práctica: lo cierto es que los precios siguen subiendo a un ritmo todavía significativamente alto.

Hay otra manera de enfocar el asunto, quizá más clara que la anterior, y se ilustra en la Gráfica 1. ¿Qué “dice”? Que en cinco años (para no ir muy lejos en el pasado), como consecuencia del alza general de los precios, el peso ha perdido casi una cuarta parte de su poder adquisitivo. Y lo más seguro es que la erosión continuará, porque la inflación seguirá presente.

Eso es lo que dicen los augures: según la opinión de un grupo de especialistas, la inflación estará en 4.7% al final de este año. El propio Banxico supone que el número estará en 4.6% para la misma fecha. Si todo sale bien, tales previsiones no serán muy desacertadas, pero.. hay “nubes obscuras en el horizonte”.

Frente a ese panorama, la Junta de Gobierno del banco central tendrá que tomar un par de decisiones, el 9 de noviembre y el 14 de diciembre. Entre otros elementos, contará para la primera con lo que decidirá el Fed precisamente mañana. La apuesta más común es que el Fed dejará sin cambio su tasa de interés de referencia (5.50%). Si tal es el caso, lo más probable es que Banxico hará lo mismo (11.25%).

En mi opinión, ambas posturas serán prudentes en demasía, y parecen fincadas en una actitud de “esperar y ver”. Yo creo que ya se ha esperado mucho y ya se ha visto mucho, y que el problema de la inflación sigue existiendo, aunque aminorado. ¿En qué baso mi juicio? En dos elementos que caracterizan a las dos economías, que generan presiones alcistas y que son de consideración: 1.- la actividad económica está creciendo por encima de su potencial; y, 2.- la política fiscal será expansiva. (En esto último, los senderos de Banxico y de la SHCP ya se han bifurcado. Perdón, Borges). (Gráfica 1)


La producción perdida

En cuanto a la situación económica en México, la publicación reciente de un índice elaborado por el INEGI dio lugar también a opiniones optimistas. El índice en cuestión se llama Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE). El dato correspondiente al pasado mes de agosto implicó un ascenso de 3.5% con respecto al mismo mes de 2022. De nueva cuenta, entonces, cierto optimismo está justificado. Pero, de nueva cuenta también, hay otra forma de mirar el asunto. Ese es el propósito de la Gráfica 2. El IGAE está ya claramente por arriba de su nivel de hace un quinquenio. Sin embargo, está lejos del punto que tendría si se hubiera mantenido su tendencia de crecimiento. Eso es lo que sugiere la línea punteada. Puede argumentarse que la comparación es exagerada, por aquello del efecto negativo del Covid-19. Vale la disidencia. (Gráfica 2)


Dos problemas tercos

Lo apuntado quiso resaltar la durabilidad de dos cuestiones irresueltas de la economía mexicana: la persistencia de la inflación y la debilidad del crecimiento. Las dos se pueden remediar, pero eso requiere no sólo de competencia técnica, sino también de voluntad política, animada por una correcta interpretación del mundo.


El autor es profesor de Economía en EGADE Business School.

Artículo publicado originalmente en Reforma.

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