Dos crisis ligadas

Artículo publicado en la sección Glosas Marginales del periódico Reforma

La crisis del rezago de América Latina

En más de una ocasión he citado en estas páginas dos libros estupendos sobre las economías de América Latina: The Decline of Latin American Economies, editado por S. Edwards, G. Esquivel y G. Márquez, y publicado en 2007; y, Left Behind, de la autoría de S. Edwards, publicado en 2010.

Me refiero a ellos porque acabo de leer en Project Syndicate un buen artículo ("Latin America's Growth Conundrum"), escrito por Arminio Fraga, Guillermo Ortiz y Andrés Velasco (FOV), tres economistas muy distinguidos y experimentados. Su tema es el retraso económico persistente de América Latina en comparación con Estados Unidos. ¿A qué lo atribuyen?

No tiene una causa única, dicen los autores, y listan varios factores significativos: algunos macroeconómicos (la situación fiscal, la deuda, la inflación); y, otros microeconómicos (las distorsiones en los mercados de bienes y de servicios). A ellos agregan el efecto de (sic) “políticas sociales diseñadas pobremente” y, “para empeorar las cosas, el incremento de la violencia”.

Mención aparte merece el énfasis de FOV en lo que llaman la problemática economía política de la región, caracterizada, entre otras cosas, por la regresión de la democracia. América Latina, dicen, parece haber caído en una trampa de baja credibilidad por parte de la ciudadanía y bajo desempeño por parte del gobierno, elementos que se refuerzan entre sí.

El recomendable artículo termina con una nota que quiere ser optimista: “América Latina no está condenada a caer en el estancamiento y el deterioro político”. Sin embargo, para pensar en mejores resultados “se requieren buenos políticos, buenas políticas y buena suerte”, Por desgracia --agrego yo, en plena desesperanza-- son ingredientes muy escasos.

PS.: En 2022, el tamaño de la economía mexicana, expresada como fracción de la estadounidense fue 11.6%; casi un punto porcentual menos que diez años antes.

“La crisis migrante”

No me gusta la frase gastada que titula esta sección, aunque es cierto que el problema se mueve de sur a norte. (Creo que “la crisis de la migración” es una expresión más apropiada.) Alguna vez publiqué en twitter un comentario al respecto. Sin pudor, lo plagié hace unos pocos días, ante el agravamiento de la cuestión, Aquí va, a la letra: “La enorme tragedia que se desarrolla en la frontera norte es responsabilidad directa e imperdonable de la torpeza política, económica y social de los gobiernos de los países origen de los migrantes. A ellos deberían dirigirse las críticas, las exigencias y la condena moral”.

Para ser más precisos, la tragedia se concentra en la frontera mexicana con Estados Unidos, pero se desarrolla a lo largo de miles de kilómetros de penosa peregrinación.

Hay líderes de enorme influencia en la opinión pública mundial, que han demandado una política de apertura de las fronteras de los países desarrollados de Europa y de América del Norte. Esta es una postura liberal (en el sentido clásico). Resulta curiosa viniendo de algunos que, obsesivamente, desde la izquierda, critican los sistemas económicos de las naciones en cuestión. En lugar de hablar mal del “capitalismo”, deberían admirar y aplaudir su asombrosa capacidad para absorber, en libertad y productivamente, a los que buscan participar en sus beneficios. (Nadie ha dicho que el sistema sea perfecto: “De la madera torcida de la que está hecho el hombre, nada recto se puede hacer”, I. Kant)

Sin ir más lejos en la geografía: en las dos décadas más recientes, la población de origen mexicano en Estados Unidos ha crecido cerca de 80%, superando los 37 millones de personas. Cifras así son los parámetros adecuados para normar una diplomacia realista, sin poses ideologizadas.


El autor es profesor de Economía de EGADE Business School.

Artículo publicado originalmente en Reforma.

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