Un alto en el camino hacia la continuidad

Determinar si el balance ha sido positivo o negativo nos permitirá ajustar nuestros hábitos, comportamientos y actitudes

Con frecuencia, y especialmente cuando cada ciclo llega a su fin, nos preguntamos si estamos alcanzando nuestros objetivos planteados, en lo personal, lo familiar, y lo profesional; de tal manera que tengamos oportunidad de hacer un pequeño alto, valorar lo que se ha logrado y planear el futuro con lo ya aprendido. Determinar si el balance ha sido positivo o negativo nos permitirá ajustar nuestros hábitos, comportamientos y actitudes frente a un ciclo no menos retador que el que estamos por cerrar.

Hemos sido testigos (de forma activa o pasiva) de acontecimientos que impactaron nuestras vidas; desde lo más macro, como los interminables conflictos geopolíticos y las afectaciones irreversibles a nuestro planeta tierra por la aún incipiente consciencia ambiental; hasta lo más micro que tiene que ver con la capacidad de asombro o de adaptabilidad ante cambios cada vez más vertiginosos en todos los ámbitos de nuestro acontecer diario.

Tomemos una hoja en blanco, dibujando una simple tabla con 3 columnas, con los encabezados: “pregunta”, “+”, “–”; en la primera columna de la tabla listemos hacia abajo las preguntas que aparecen en los siguientes tres párrafos. Al leer por renglón cada pregunta, pongamos un “1″ si el balance es positivo en la segunda columna (+), o un “1″ en la tercera columna (-) si el balance es negativo.

Balance en lo personal: ¿qué tal mi salud?, ¿mi estado emocional?, ¿soy capaz de mostrar mi responsabilidad ciudadana?, ¿me siento bien espiritualmente?, ¿he mejorado en mis relaciones con los demás?, ¿soy feliz queriendo a otros?, ¿estoy haciendo ejercicio regularmente (al menos 3 veces por semana)?

Balance en lo familiar: ¿dedico tiempo a mi familia?, ¿me intereso por lo que le pasa a cada miembro de mi familia inmediata?, ¿he ofrecido ayuda a alguno de los miembros de mi familia?, ¿me hace feliz ver cómo están creciendo y madurando cada uno de ellos?, ¿mejoré mis relaciones al menos con un miembro de mi familia?, ¿tengo identificada a la persona que tomará decisiones trascendentes/críticas en caso de yo no tener la capacidad en determinado momento?, ¿le digo a mi familia cuánto los quiero de manera sincera y frecuente?

Balance en lo profesional: ¿disfruto plenamente mi trabajo/actividad profesional?, ¿siento reconocimiento por lo que hago?, ¿tuve oportunidad de capacitarme en alguna habilidad/competencia que me ayudará a tener un mejor desempeño?, ¿contribuí al logro de los objetivos de mi organización?, ¿mis valores están alineados a los valores de mi organización?, ¿la remuneración/beneficios que recibo por mi trabajo me parecen justos?, ¿estoy donde quiero estar?

Después de asignar un “1″ a cada pregunta, suma los 1s en cada una de las columnas 2 y 3. El número total al final de cada columna indicará si el balance es positivo (número mayor en la columna 2) o negativo (con el número mayor en la columna 3). Está en cada uno de nosotros seguir trabajando para ser nuestra mejor versión cada día. Por supuesto que la lista de 7 preguntas en cada aspecto de nuestra vida puede mejorarse, pero la idea es que sea una guía para la reflexión y no una lista exhaustiva a la que no se le pueden añadir diversas perspectivas.

Este mismo ejercicio que acabamos de realizar, o que invito a que lleven a cabo en algún momento de paz y reflexión, es el que las familias empresarias que desean trascender pueden encontrar valioso cuando se trata de preparar sus planes de continuidad.

Para tal efecto, los tres dominios que planteo para las preguntas de la primera columna son familia, propiedad y negocio, haciendo referencia al popular modelo de los 3 círculos de Tagiuri & Davis para el sistema de la empresa familiar.

Balance familiar: ¿conocemos las expectativas de cada miembro de la familia en relación con el proyecto empresarial familiar?, ¿conocemos las aspiraciones de cada miembro?, ¿disfrutamos del tiempo en familia?, ¿podemos expresar nuestras emociones sin ser juzgados?, ¿podemos expresar distintos puntos de vista, al punto de la tensión, y resolvemos?, ¿se promueve el cariño por lo que se ha construido?, ¿los temas que se abordan corresponden a cada espacio en el que se discuten para tomar las decisiones?

Balance patrimonial: ¿hemos dedicado tiempo para aprender, como familia, el valor del dinero?, ¿tenemos un inventario patrimonial actualizado?, ¿tenemos diferenciados los beneficios por ser familia de los cargos al negocio?, ¿tenemos y utilizamos criterios de inversión de cara al crecimiento patrimonial?, ¿existen reglas de convivencia y uso de los bienes patrimoniales?, ¿se cuenta con las estructuras legales y de protección patrimonial (testamentos, fideicomisos, etc.)?, ¿contamos con un plan de contingencia que dé seguridad a la familia en caso de crisis?

Balance gerencial: ¿es nuestro modelo de negocio relevante?, ¿tenemos una eficiencia máxima en los procesos internos de negocio?, ¿contamos con una arquitectura organizacional que favorece el trabajo en equipo?, ¿reconocemos nuestras áreas de mejora tanto como nuestras fortalezas?, ¿nos mantenemos cercanos a nuestros clientes en todo momento?, ¿aprovechamos las tecnologías digitales para ser competitivos?, ¿existe claridad de rumbo estratégico y trabajamos para el logro de metas de largo plazo?

Las buenas noticias para las familias empresarias que trabajan en sus planes de continuidad es que todo inicia con la claridad de intención (no de supuestos) de crear algo grande que pueda beneficiar a múltiples generaciones.

El ejercicio que acabamos de realizar es un alto en el camino para incorporar al plan del próximo año, acciones que permitan capitalizar la potencial ventaja competitiva que distingue a las empresas familiares del resto.

Les deseo un maravilloso cierre de ciclo.
 

La autora es directora del Instituto de Familias Empresarias del Tecnológico de Monterrey.

Artículo publicado originalmente en El Financiero.

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