Cuando el destino nos alcanza en un mundo VICA (volátil, incierto, complejo y ambiguo)

Si bien es importante analizar e interpretar los patrones y tendencias de nuestro entorno, no debemos olvidar que hay eventos que pueden cambiar el rumbo y generar disrupción

Resulta interesante pensar a veces en la permanencia, y aun recurrencia y vigencia, de conceptos que perduran por décadas. Un ejemplo es el conocido acrónimo VICA (VUCA, en inglés) para hacer referencia a la Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad, acuñado en el Colegio de Guerra de Estados Unidos en Carlisle Barracks, (Pensilvania). En su origen, este concepto se refería al estado del mundo posterior a la Guerra Fría y a la necesidad de desarrollar un liderazgo estratégico para las condiciones de la época.

Otra célebre teoría que sigue vigente usa la metáfora del cisne negro para referirse a eventos difícilmente previsibles, que aparecen de manera repentina y tienen un profundo impacto en el rumbo de la historia. Esta teoría, desarrollada por el escritor Nassim Taleb en 2007, propone tres rasgos distintivos de estos eventos: son atípicos, de alto impacto y provocan que a posteriori se busque explicar sus detonantes. Hoy podemos considerar en esta línea eventos como el 11S o la crisis financiera global del 2008, y más recientemente la pandemia de COVID-19.

Si bien es importante conocer, analizar e interpretar los patrones y tendencias de nuestro entorno, no debemos olvidar que hay eventos y/o eventualidades que pueden cambiar el rumbo y generar distorsiones a conductas, sistemas, procesos y estructuras predefinidas. Hoy contamos con sofisticados métodos analíticos de datos que nos permiten desarrollar una poderosa analítica predictiva y prescriptiva, pero que sin duda deben contar con la consideración de la existencia y prevalencia de contextos y entornos altamente cambiantes.

Sobre este tema se han publicado diversos estudios en los ámbitos económico, financiero, social y ecológico –por mencionar algunos— con resultados diversos. Algunos de sus hallazgos más reveladores nos llevan a pensar en la posibilidad de generar cierto conocimiento a priori de eventos inesperados; lo cual nos conduce a la pregunta obligada: ¿qué eventos pudieron haberse previsto y cómo pudimos habernos preparado?

En un entorno VICA como el actual – con cadenas de suministro comprometidas, conflictos geopolíticos, altos niveles de inflación, etc.—, y ante la posibilidad de nuevos cisnes negros, como líderes y estrategas nos preguntamos cómo podemos tomar decisiones. La incertidumbre nos puede llegar a paralizar: ¿qué podemos esperar?, ¿qué nuevo evento surgirá?, ¿cuál o cuáles serán sus consecuencias? Esta situación resulta paradójica en la era del conocimiento, donde existe una inmensa cantidad de información (infodemia) pero vivimos también con un gran desconocimiento, dado que las diversas fuerzas del entorno pueden detonar una serie de contextos que conllevan desenlaces no previstos.

Tampoco podemos dar la espalda a la complejidad, ya que hoy vivimos en un mundo interconectado en diferentes ámbitos –geopolítico, tecnológico, social, etc.— donde resulta difícil tener todo el control y hay una notoria exposición y vulnerabilidad a factores diversos que escapan a nuestra capacidad de actuar, pero nos impactan igualmente. Por su lado, la ambigüedad nos indica, por definición, que aun cuando tenemos información o una idea preconcebida, el rumbo puede tener ramificaciones diversas que conduzcan al resultado A o al resultado B.

¿Qué tantas capacidades tenemos como individuos, organizaciones y sociedades para ajustarnos a un entorno altamente dinámico y cambiante? Hoy conceptos como agilidad, resiliencia y adaptabilidad son cada vez más comunes en el lenguaje corporativo, pero la realidad es que, si no conocemos a lo que nos enfrentamos, resulta difícil generar una estrategia adecuada que responda a circunstancias adversas o favorables de una manera sostenible y rentable. En estas situaciones, es imperativo ser empáticos y generar más cercanía y conocimiento sobre la realidad de los clientes, proveedores y canales de distribución, mapeando quienes integran e impactan la cadena de valor dentro y fuera de las organizaciones.

El autor es director de EGADE Business School Gualadajara.

Artículo publicado originalmente en Alto Nivel.

 

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