¿Qué podemos aprender hasta ahora del Brexit?
La historia de estos tres años infructuosos nos ha dejado relevantes lecciones de liderazgo y manejo de riesgos para los directivos en un mundo convulso y en rápida transformación
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Los efectos de la salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE) no están determinados por el día en que esto pueda ocurrir. Son los términos de este acuerdo lo que importa.

Si bien se ha aprobado una nueva prórroga hasta el 31 de octubre para que el parlamento británico llegue a un acuerdo, despejando así los temores sobre un Brexit salvaje, nadie niega otro claro síntoma de fracaso: tres años después del referéndum británico para salir de la UE continuamos sin acuerdo e impera la incertidumbre.  

La historia de estos tres años infructuosos nos ha dejado lecciones de liderazgo y manejo de riesgos que son más relevantes que nunca en contextos políticos cada vez más volátiles e inciertos.

  • Lidera de forma responsable: Cuando el ex primer ministro, David Cameron, convocó el referéndum del Brexit so pretexto de cumplir su promesa electoral, no se hizo responsable de las consecuencias. Es más, presentó su dimisión tras conocerse un resultado contrario al que débilmente defendía, pues nunca dejó claras las potenciales consecuencias de abandonar la UE. En el actual panorama político vemos líderes que se adhieren o se dejan influir por corrientes populistas que apelan a los instintos y emociones primarias de los ciudadanos, y lo hacen con la visión cortoplacista de conseguir apoyos políticos y votos, sin preocuparse por la coherencia y factibilidad de sus discursos. Sin embargo, un líder responsable entiende que su misión no consiste en traducir directamente esas emociones a decisiones, sino en mediar con argumentos racionales en el mundo de lo posible.
  • Abraza la complejidad: La forma en que una decisión tan compleja y estratégica como el Brexit fue reducida a un voto “Leave/Remain” ilustra hasta qué punto simplificar grandes decisiones puede acarrear problemas mucho mayores. Cuando una gran decisión se simplifica en exceso, ya sea en aras de buscar que sea fácil de comunicar o deliberadamente para confundir, se pierden los detalles importantes que permiten tomar una decisión informada. El Brexit era un proceso con múltiples implicaciones más allá de una votación política, en el ámbito económico, comercial, financiero, migratorio, etc. Sin embargo, en la campaña, los electores se encontraban ante una disyuntiva muy simplificada y finalmente optaron en muchos casos por votar con el corazón y no con la razón.
  • Logra un consenso: La primera ministra, Theresa May, invocó el Artículo 50 antes de buscar un consenso entre los diputados e impuso sus líneas rojas para el Brexit, una visión única que ha defendido a capa y espada. A nadie escapa ahora que habría sido mucho mejor si antes de convocarlo hubiera buscado un consenso. Como líder fue inflexible e intransigente, y no ha tenido en cuenta al legislativo, que hasta en tres ocasiones tumbó su plan en la Cámara de los Comunes, hasta el último momento. El resultado es una importante división en los principales partidos y en la sociedad. Creía que su misión era salvar al país de un Brexit sin pacto, pero la cooperación es esencial para ganar apoyos y curar las heridas en un país fracturado. Un líder nunca debe endiosarse y prescindir de la voz de sus representados, la legitimidad del líder viene de los ciudadanos.
     
  • Aprende a negociar: Credibilidad, coherencia y transparencia son activos fundamentales para cimentar un acuerdo destinado a perdurar. Cuando May regresaba de Bruselas tras hablar con J-C. Junker, presidente de la Comisión Europea, y M. Barnier, el negociador jefe de la UE, se dirigía a los medios de comunicación británicos con declaraciones contradictorias, enviando mensajes confusos que perjudicaban el curso de las negociaciones. En este sentido, ser consistente es básico, no puedes autosabotear tu posición con tus acciones fuera de la sala de negociación. Otro error táctico del equipo de May fue sobrevalorar las fortalezas del RU y subestimar la capacidad de los 27 países de la UE de defender una posición común.
     
  • Gestiona los riesgos: Ante un contexto global de alta incertidumbre, las empresas deben aprender a anticipar los riesgos. Las multinacionales suelen tener departamentos de Inteligencia Corporativa dedicados a evaluar la situación geopolítica, imaginar los posibles escenarios, pensar estratégicamente y crear planes de contingencia para minimizar el impacto de eventos potencialmente disruptores, pero esto no es tan común en pequeñas y medianas empresas. Por ejemplo, en el caso del Brexit, PSA Peugeot-Citroën compró la filial británica de Opel, Vauxhall, a GM, de forma que la empresa automotriz francesa pudiera conservar una posición en RU que sorteara los costos de importación y exportación cuando RU abandone la UE.
     
  • Prepárate para más incertidumbre: Nuestro mundo es incierto y no hay status quo innamovible. Para los directivos, esta incertidumbre se traduce en continuar midiendo riesgos y planes de contingencia para las empresas, sobre todo aquellas que están integradas en cadenas de valor globales. Algunas empresas que ya se habían preparado para una salida del RU no negociada el 29 de marzo, con los consecuentes costos operativos como pausas de producción, costos de almacenaje, financieros y logísticos asociados, tendrán que recalcular y replantear sus estrategias. En cualquier caso, estos sobrecostos asociados pueden provocar una pérdida en sus rentabilidades. Otras empresas ya han empezado a buscar mercados alternativos, tanto a un lado como al otro del canal de la Mancha.
     
  • Valora el talento como el activo más poderoso de tu nación: la prolongación de este escenario tan incierto generó una fuga de talento con sólida experiencia y limitó gravemente la capacidad de RU de atraer y retener talento global, tan importante para el desarrollo de la industria de manufactura pero, sobre todo, tan necesario en el sector servicios, del cual depende buena parte de la economía de esta nación.

De sobra es conocido que en la política no se cometen errores, se comete un error—en este caso, los efectos de la arrogancia de David Cameron—y todo lo demás son consecuencias. Este contexto sumamente complejo habría sido un reto de escala inmesurable para cualquiera de los grandes líderes en la historia, y es este reto el que heredó Theresa May. Sin duda comprometida, tenaz y perseverante, May ha intentado, no obstante, conducir Brexit de una manera muy transaccional, buscando la ejecución de su plan y no precisamente la construcción de consenso en un país polarizado. El liderazgo transformacional que RU desesperadamente necesitaba dependía de la capacidad de comunicar una visión clara construída en conjunto, de escuchar y mostrar empatía, de inspirar confianza y sobre todo, de la flexibilidad suficiente para cambiar el rumbo y obtener así los resultados necesarios.

Ante el contexto de fuerte incertidumbre acerca de la duración del mandato de May, sólo queda esperar que la próxima persona que capitanee al RU sepa efectuar un liderazgo de alto impacto que logre encaminar este complejo proceso aún inconcluso y que a su vez, inspire, sane y levante la moral de una nación herida. Aprendamos las lecciones.