La economía y el 'ruido' político
Artículo publicado en “Glosas marginales” del periódico Reforma
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Estados Unidos: ¿70-80 decibeles?  

Hace algunas semanas me ocupé en este espacio de la extraordinaria fortaleza de la economía de Estados Unidos. Los pronósticos más recientes sitúan el crecimiento del PIB en 2018 cerca del 3 por ciento. Para el año próximo, las adivinanzas son un poco menos optimistas, pero todavía muy positivas. No obstante, los números "previstos" para 2020 descienden significativamente.

Las razones aducidas para conjeturar una desaceleración —y quizá una recesión— incluyen la relativa "vejez" de la expansión; el agotamiento del impulso atribuible al recorte impositivo; la duración y extensión de la guerra comercial; etc. Yo creo que el factor causal más importante será la corrección inevitable de las distorsiones financieras creadas por la política monetaria super laxa, adoptada para combatir la Gran Recesión.

Fuere como vaya a ser en un par de años, por lo pronto los analistas centran su atención en temas más urgentes, como el paso incesante del Fed hacia la normalización de la política monetaria —vulgo, el ascenso de la tasa de interés—; la expectativa de un aumento menos pronunciado de las utilidades de las empresas; y, desde luego, el riesgo político interno.

Eso último es curioso a primera vista, porque el resultado de las elecciones intermedias produjo una sensación de alivio en los mercados, que se reflejó en el alza temporal del precio de las acciones. La perspectiva está definida: el Partido Demócrata controlará la Cámara de Representantes, mientras que el Partido Republicano dominará la Cámara de Senadores y la Presidencia. Esto implica una división de poderes que es considerada conveniente en términos políticos.

Sin embargo, dado que la discordia pronunciada sigue siendo la característica sobresaliente del entorno, lo anterior significa, muy probablemente, un enconamiento de los conflictos. Una de sus manifestaciones podría ser la trabazón legislativa. Esto cortaría en ambos sentidos: no habría nuevas leyes adecuadas y no desaparecerían leyes existentes perjudiciales.

De arranque, lo sucedido ya ha dado lugar a una competencia de amenazas: los demócratas prometen intensificar las investigaciones pendientes sobre el Presidente Trump. Éste, en represalia, advierte su intención de utilizar como arma la capacidad fortalecida del sistema judicial. En el caso de una impugnación, es obvio que el Senado la bloquearía, así que sería inútil —aunque elevaría el nivel del "ruido" político—.

En mi opinión de lego, la lucha política se intensificará, por una sencilla razón: los demócratas tratarán a toda costa de impedir la reelección de Trump. Todo lo señalado es relevante para la evolución de la economía. En general, el Gobierno federal prestará menos atención a los graves problemas irresueltos de largo plazo. Por ejemplo, el creciente déficit presupuestal.

En México: 120 decibeles

En lo que toca a México, hace no mucho tiempo pensé en la ocurrencia de un escenario de poco crecimiento en 2019 —como es típico del primer ano de una administración—. Luego, en una desaceleración probable de la economía de Estados Unidos, creando un marco externo poco favorable para la economía nacional. Ello implicaría un bienio de magros resultados para el nuevo Gobierno. En esas circunstancias, imaginé una reacción de política económica movida más por la impaciencia que por la reflexión, con malas consecuencias previsibles. Ahora, ya no estoy tan inclinado a contemplar un panorama eventual en dichos términos. ¿Por qué?

Porque la anunciada cancelación del aeropuerto de Texcoco, y la iniciativa de regulación de las comisiones bancarias, han puesto de manifiesto una imprudente falta de respeto a un mínimo de normas y procedimientos clave. Se trata de algo muy peligroso, porque su razón de ser es, precisamente, limitar el poder del Gobierno. Esto ha dañado, sin duda, el clima de confianza. ("¡Cuándo se perdió la aguja de la brújula?". Haruki Murakami, El elefante desaparece). Esto sucede en mal momento, porque de por sí la inversión no ha tenido una trayectoria vigorosa. Lástima.

En otras palabras, allá y aquí, el marco de referencia para la toma de decisiones se ha deteriorado. Temo que mi "escenario" sombrío se adelantará.

Publicado originalmente en Reforma.