La conciencia del 8 de marzo
¿Cómo podemos reconocer la realidad de nuestro contexto si somos hombres o mujeres privilegiados?
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En el Día Internacional de la Mujer recordamos a las mujeres trabajadoras que lucharon por sus derechos laborales. A principios del s. XX, más de 15 mil mujeres se manifestaron por las calles de Nueva York para exigir jornadas laborales justas, mejores salarios, el derecho al voto y el fin del trabajo infantil. Su eslogan era “pan y rosas”, porque el pan simbolizaba la seguridad económica, y las rosas, una mejor calidad de vida.

Continuamos conmemorando este día porque las mujeres todavía no alcanzamos la igualdad de oportunidades, acceso, uso, beneficio de los recursos, ni la participación en la toma de decisiones como iguales. Sin embargo, persisten lugares comunes entre hombres y mujeres, como que: “las mujeres ya son iguales a nosotros”; “ya no existe la desigualdad por ser mujer”; “yo nunca he sufrido discriminación por ser mujer”; o “a las mujeres les ofrecemos puestos, pero no los quieren”.

Pese a contar con datos y estudios que miden el impacto de que las mujeres no ocupemos posiciones en la toma de decisiones, de reconocer la violencia de género y la desigualdad de género, no somos capaces de ser conscientes de la desigualdad entre las mujeres y los hombres. Tal vez en el fondo de nuestros pensamientos y sentimientos están las creencias que normalizan comportamientos y actitudes que perpetúan el valor que le damos a lo masculino por encima de lo femenino en la construcción social, política y económica de nuestras comunidades y contextos.

En la Semana de Feminismos del Tecnológico de Monterrey, la Mtra. Paulina Millán comentaba a las y los estudiantes sobre la importancia de leer, escuchar, dialogar y cuestionar en nuestra propia experiencia vital. El reporte Mujeres y Hombres en México (Instituto Nacional de las Mujeres, 2018), al igual que otros reportes de organismos como la CEPAL, la ONU, la OIT O el BM, ofrece una selección de indicadores que describen la situación actual de mujeres y hombres en múltiples ámbitos. Pero esta información debe ir acompañada de un ejercicio de concienciación:

  • ¿Cómo podemos reconocer la realidad de nuestro contexto si somos hombres o mujeres privilegiados?
  • ¿Cómo podemos iniciar una autorreflexión perdiendo el miedo a cuestionar nuestros privilegios?
  • ¿Cómo podemos sumar a un mundo más sostenible desde una perspectiva de igualdad de género?

 

Otra de las aportaciones destacadas en el Campus Monterrey fue la cátedra de la Cónsul para Educación, Prensa y Cultura de Estados Unidos en Monterrey, Ruth Nicola Urry, quien reivindicó la figura de la escritora feminista Rosario Castellanos y las mujeres feministas que influenciaron su obra, su historia y sus libros. ¿Qué relación existe entre su primera novela, Balún Canán’ (1957) y la película Roma (Alfonso Cuarón, 2018) y sus protagonistas, Cleo y Sofía?  

Ambas obras plasman que la desigualdad sigue al paso de los años y que las mujeres son discriminadas y violentadas por el hecho de ser mujeres, de igual manera podríamos encontrar en estas obras la búsqueda y lucha de una vida más justa con calidad de vida y trabajo decente para mujeres y hombres, y la falta de reconocimiento de las mujeres como personas con todos sus derechos.

Si por un momento hemos pensado que nuestra propia y particular situación social y económica es generalizable al resto de la población para explicar una realidad de lo que implica vivir como mujeres y hombres, tal vez sea el momento de acercarnos al diálogo, al estudio, a un cuestionamiento interior profundo que detone la posibilidad de hacer conciencia, visualizar y accionar un mundo más igualitario y sostenible para todas y todos, aunque tengamos miedo de perder privilegios.