El asedio a los bancos centrales
Artículo publicado en “Glosas marginales” del periódico Reforma
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El lector quizá recordará que Francis Fukuyama (FF) publicó, en 1992, un libro extraordinario con el título provocativo de The End of History and the Last Man. El núcleo de la obra consistía en plantear que el desarrollo más probable de las sociedades modernas resultaría en una democracia liberal ligada a una economía de mercado. De entonces al presente, muchos eventos trascendentes han permitido a los críticos de FF cuestionar su tesis. FF ha respondido aclarando el sentido original de su argumento. Pero eso es otra historia.

En su libro más reciente (2018), Identity —The Demand for Dignity and the Politics of Resentment—, FF identifica una tendencia que se ha llamado nacionalismo populista, la cual se ha extendido tanto en países avanzados como en subdesarrollados. Los líderes populistas, dice FF, `buscan usar la legitimidad que les confieren las elecciones democráticas para consolidar su poder. Afirman una conexión directa con "el pueblo", que definen a veces en términos étnicos estrechos, términos que excluyen agrandes partes de la población. No les gustan las instituciones y pretenden minar los balances y contrapesos que en una democracia liberal moderna limitan el poder personal del líder: las cortes, la legislatura, los medios de comunicación independientes y una burocracia no partidista". Lo cito extensamente porque su descripción se aplica a lo que está sucediendo con respecto a los bancos centrales en muchas partes del mundo.

Hace poco, un artículo publicado en The Financial Times ("Global political backlash spreads against central banks", 10/12/18) se ocupó del tema. En realidad, el asunto no es nuevo. Como comenté alguna vez en estas páginas, los políticos entienden bien la influencia que la política monetaria tiene sobre la situación y evolución de la economía en el corto plazo —aunque su entendimiento de cómo se produce dicha influencia sea muy limitado—. Así pues, por ejemplo, varios presidentes de Estados Unidos han intentado —con menor o mayor éxito— presionar al Fed para que actúe en su beneficio político, sobre todo en épocas electorales. En los tiempos que corren, ha sido público y notorio el desacuerdo del Presidente Trump con la dirección al alza de las tasas de interés que ha determinado el banco central. En Turquía, el Presidente ha apremiado al banco para que mantenga bajas las tasas de interés. Algo parecido ha sucedido en Hungría.y en la India.

En México, la presentación de una iniciativa de ley cuya intención era cambiar radicalmente la función de Banxico causó, con razón, una gran inquietud. En lo fundamental, la propuesta consistía en forzar al banco a financiar con emisión de dinero el gasto gubernamental, a discreción del Ejecutivo. En otras palabras, equivalía a destruir la autonomía de Banxico, que data de 1993, y a regresar a las desastrosas épocas inflacionarias. Afortunadamente, el Presidente López Obrador ha reiterado su respeto por la autonomía de Banxico, tal como lo establece la Constitución.

El incidente referido en el párrafo previo ilustra una preocupación destacada en el artículo citado del F (a la letra): "El peligro económico es más grande en los mercados emergentes, donde las instituciones son a menudo más débiles". (En mi opinión, "a menudo" es una parte de la frase que sale sobrando). La debilidad en cuestión es una característica de tales economías. México no es la excepción.

He mostrado muchas veces la gráfica que acompaña a esta nota. Pero parece que la lección que transmite es olvidable. La inflación aumentó abruptamente debido a la crisis económico-financiera de 1994-95. De ahí en adelante, la política monetaria de un flamante Banxico autónomo, con el apoyo indispensable de una política fiscal disciplinada, consiguió reducirla hasta alcanzar tasas que no se veían desde los sesentas. "En economía -decía con sabiduría E A. Hayek- uno nunca puede establecer una verdad de una vez por todas, sino que tiene que convencer a cada generación de nuevo".

Se trata de un logro muy valioso. Hay que cuidarlo con esmero, fortaleciendo a la institución que tiene a su cargo esa tarea.

Publicado originalmente en Reforma.