Allá por la mitad de julio de este año, publiqué en estas páginas un artículo que titulé: ¿Socialismo en Nueva York? Se refería a la posibilidad de que Zohran Mamdani (ZM) ganara la alcaldía de la ciudad. El lector ya sabe que la posibilidad aludida se transformó en realidad hace unos pocos días.
El programa económico de ZM, que critiqué en el verano, no cambió mucho en los meses siguientes. Al parecer, sigue pensando en “establecer tiendas de víveres administradas por el Gobierno”, en controlar las rentas de ciertos tipos de viviendas. Ni la teoría ni la experiencia avalan tal tipo de medidas.
En lo que toca a “ofrecer transporte público gratis (en autobuses)”, ZM reconoció lo obvio: implicaría un costo que incidiría sobre las finanzas públicas citadinas, pero insistió que se cubriría con mayores impuestos a los millonarios a las empresas, que deberían pagar una parte “justa” de sus ingresos. Una aguda entrevistadora le cuestionó esto último, señalando que la tasa marginal del impuesto sobre el ingreso ya es del orden de 50 por ciento para los multimillonarios que residen en Nueva York; luego, le pidió precisar el significado numérico de “justo”. Como era de esperarse, ZM no tuvo una respuesta atendible, porque el término es puramente subjetivo.
Fueren como hayan sido las promesas de campaña, de corte claramente populista, ZM enfrentará pronto las realidades del ejercicio de gobernar para el que carece por completo de experiencia. Si intenta llevar a la práctica las propuestas radicales que le sirvieron para ganar votos, pienso que sus críticos tendrían razón a fin de cuentas: el resultado eventual sería un desastre económico y social.
A manera de conclusión, en lugar de repetir lo que dije en julio pasado, me parece mejor citar un sabio consejo que tomo de un estupendo libro de Tony Blair, cuyo contenido, destilado de la práctica, está dirigido a los gobernantes novatos: “hay que evitar guiarse por lo que es políticamente conveniente, en lugar de lo que es intelectualmente correcto. Las políticas nacidas de la ideología o de la conveniencia distorsionan el análisis, preconciben en prejuicios lo que debería concebirse por medio de la evidencia, refuerzan la rigidez en un mundo constantemente cambiante, que requiere, por tanto, apertura a nuevas formas de pensar.” (On Leadership, Lessons for the 21st Century, 2024). Blair fue Primer Ministro del Reino Unido durante una década.
El dolor económico del primer año
La semana pasada me invitaron a hablar sobre la economía de México en un evento empresarial. Al referirme a la evidente debilidad de la actividad productiva que caracteriza a este año, la atribuí (sólo) en parte a un fenómeno político-económico que se ha llamado “la maldición del primer año” (Cesáreo Gámez, La Sucesión Presidencial: la Economía Mexicana, 2017).
Para el caso, es útil ojear lo sucedido a lo largo de los sexenios presidenciales que van desde el que se inició en 1971 (Luis Echeverría Álvarez, LEA) hasta el presente (Claudia Sheinbaum Pardo, CSP). La gráfica muestra en la columna roja la variación del PIB real durante el primer año de Gobierno, mientras que la columna azul contigua ilustra el cambio correspondiente al año previo.
Resulta que en nueve de los diez episodios considerados ha ocurrido, en efecto, una desaceleración económica al principio de una nueva administración. Para el caso actual, utilicé la cifra oficial referente a 2024 (1.4 por ciento) y, para 2025, el pronóstico más reciente de los analistas encuestados por Banxico (0.5 por ciento).
Entre los factores causantes de lo observado hay uno recurrente muy claro: un “ajuste” del gasto público, después de una expansión apresurada durante el fin de un sexenio.
Artículo publicado originalmente en Reforma.