Retos del 2026: inversión, incertidumbre y T-MEC

Economía
Finanzas
René Cabral
10 Febrero, 2026

El 2026 será un año decisivo para el futuro económico de México y, en particular, de su sector exportador. Aunque el país enfrenta múltiples retos coyunturales –generación de empleo, control de la inflación, manejo de las finanzas públicas—, ninguno tendrá un impacto tan determinante como la revisión, o más probablemente, renegociación del T-MEC.

De su desenlace dependerá no sólo el desempeño económico de este año, sino también la trayectoria de crecimiento a largo plazo.

México llega a este momento con una característica que define tanto su fortaleza como su vulnerabilidad: es una de las economías más abiertas al comercio internacional. De acuerdo con el Banco Mundial, según el tamaño de su producción, México es la decimotercera economía global.

Entre las doce economías que la anteceden, sólo Alemania cuenta con un mayor grado de apertura, medido por la razón de exportaciones e importaciones sobre el PIB (80.3% y 74.7%, respectivamente). Para dimensionar esta cifra, consideremos que China, por ejemplo, es la segunda mayor economía del mundo y el principal exportador mundial en términos absolutos, pero con un nivel de apertura inferior a la mitad del de México (37.2% del PIB).

No obstante, el rasgo más crítico es la alta dependencia de México de su principal socio comercial, los Estados Unidos: 59.2% del comercio total, 83.5% de las exportaciones y 34.7% de las importaciones (Banxico, octubre de 2025). La imposición de aranceles contra países con los que México no tiene acuerdos comerciales –principalmente China— ampliará aún más la vinculación con nuestro vecino del norte.

Los aranceles impulsados por Donald Trump en 2025 han tenido efectos claros: una pausa significativa en la inversión hacia México y otros países, así como la relocalización de proyectos productivos a Estados Unidos. La protección que ofrece el T-MEC ha permitido que México y Canadá amortigüen, en gran medida, el golpe a sus exportaciones y cadenas de producción, pero la incertidumbre sobre el futuro acuerdo ha sido suficiente para frenar nuevos proyectos de inversión. Aunque la Secretaría de Economía reportó incrementos históricos en la captación de inversión extranjera directa durante 2025 y 2026, estos flujos provienen principalmente de reinversiones de empresas multinacionales ya establecidas, no de nuevos capitales.

En este contexto, resulta indispensable evaluar con cuidado las fortalezas y debilidades con las que México llegará a la mesa de negociación. La fuerte dependencia de Estados Unidos pone al país en una situación de vulnerabilidad, pero también le confiere una fortaleza en la negociación comercial de este año. Desde 2023, México es el principal exportador de mercancías a Estados Unidos y, en 2025, también se convirtió en su principal importador. Esta relación conlleva una dependencia mutua entre ambos países, y no solo del país pequeño respecto del grande.

A ello se suma otra fortaleza de México: la creciente complejidad y diversidad del sector exportador mexicano, resultado de su integración profunda en las cadenas de valor de América del Norte. En apenas cinco años, desde la puesta en marcha del T-MEC en 2000, México avanzó del puesto 21 al 17 en el ranking de complejidad económica del Growth Lab de la Universidad de Harvard. Como referencia, Canadá ocupa el puesto 50 en dicho ranking. Bajo el paraguas del T-MEC, en un entorno de tensiones comerciales globales y con una industria exportadora robusta, México se perfila como la apuesta más atractiva para la expansión de las operaciones de empresas norteamericanas y de otras partes del mundo fuera de su territorio.

La fortaleza exportadora —especialmente en la frontera norte y el Bajío— podría convertirse en un detonante clave de crecimiento si la renegociación del T-MEC resulta exitosa. Esto no elimina los retos estructurales del desarrollo industrial en México en materia de energía, seguridad, infraestructura y financiamiento productivo, entre otros. En 2026, la renegociación del T-MEC será un verdadero parteaguas. No sólo por sus efectos sobre el comercio, sino por su impacto en las expectativas del sector productivo, la inversión y el empleo hacia la segunda mitad de 2026. Por el contrario, una negociación prolongada o, en el extremo, la no ratificación del acuerdo asestaría un fuerte golpe a la certidumbre de la inversión y al crecimiento a largo plazo.

Artículo publicado originalmente en El Sol de México.

Autor

René Cabral
Finanzas y Economía para los Negocios

Profesor investigador del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios