México pasa por algunas ventiscas, si alguna se convirtiera en tormenta, es parte de lo que conlleva una planeación por escenarios; a continuación, un repaso de los más importantes.
El primero de todos es el diésel, cuyo precio se ha incrementado en los EE. UU. hasta romper su récord hace unos días, llegando a 6.5 dólares por galón. Las disrupciones en el Estrecho de Ormuz restringieron las exportaciones de refinados de Medio Oriente y llevaron el “crack spread” del diésel (la ganancia por transformar un barril de crudo en diésel utilizable, sin restar costos de refinación) por encima de 100 dólares por barril, siendo lo típico 20 dólares.
Por desgracia también, en las elecciones de medio término de ese país, el presidente Trump podría utilizar el tema para ganar puntos con sus constituyentes, una medida sin sentido (pues las mismas refinerías que producen diésel, también producen gasolinas y jetfuel y si no puedes exportar el diésel, te quedarías sin lugar para almacenarlo, restringiendo la producción de los demás destilados e incrementando con ello sus precios), pero políticamente muy probable, por ejemplo, prohibiendo toda exportación de diésel a México.
El diésel es además inelástico a la demanda, pues se requiere forzosamente en actividades como transporte, logística de movimiento, tractores, excavadoras, etc. (cerca de un 50-70% de esas actividades dependen del diésel), mientras que la gasolina se usa en viajes discrecionales de los hogares, mucho menos inelástica. Aún otro punto en contra es que los envíos del Golfo Pérsico y de Rusia, dos de los principales exportadores de diésel, han caído 75% desde la guerra con Irán. México consume cerca de 400 miles de barriles diarios de diésel y aunque dependemos menos de las importaciones de los EE. UU., éstas aún representan un 54% del total; una veda, aunque sea temporal, traería una crisis energética de medias proporciones en México, pues queda expuesto a choques de oferta y condiciones de refinación en ese mercado.
El segundo gran riesgo es la calificación soberana de los papeles mexicanos. México, en su Bono que vence el 2037, paga un yield de 6.5% en dólares, mantiene una calificación de BBB-, lo que aún se considera (en la frontera de) grado de inversión, pero bonos de países latinos con calificaciones menores –es decir, ya de grado especulativo– como Guatemala, Jamaica, Trinidad, Paraguay y Colombia ofrecen yields iguales o ¡incluso menores que el mexicano! Las tres agencias principales (Fitch y Moody’s degradaron a Pemex desde el 2019, S&P no lo ha hecho) mantienen el papel mexicano justo en la raya, pero hay mucha evidencia, como la de los mercados que se marca en este párrafo, de que éste es un peligro inminente. De ocurrir, habría una corrida contra el peso, pues el movimiento deja a los inversores institucionales extranjeros fuera de su mandato de inversión y una salida masiva de capitales estaría a la puerta.
El tema se deriva de dos vertientes: las cifras fiscales y la negociación del T-MEC. En cuanto a lo primero, la deuda pasó del 52% del PIB prepandemia al 63% hoy y el déficit público llegó a 5.7% del PIB con AMLO y se encuentra en 5% a hoy, además, el dinero a 10 años le cuesta al Gobierno un yield de 9.3% en pesos, cuando en octubre pasado le costaba 8.5%. La inversión privada cayó por 19 meses seguidos, hasta este marzo, cuando repuntó levemente, y la confianza de los inversionistas se ha colapsado por la desilusión del nearshoring y las amenazas de Trump sobre el T-MEC y los aranceles.
A todo esto, debe añadirse la sobreinversión en centros de datos y el ajuste probable en bolsa cuando la economía de la inteligencia artificial tarde más de lo previsto en otorgar retornos sostenibles. También los aumentos de tasas de interés oficiales, pues tanto la Fed como otros bancos centrales están incrementándolas a la luz de una nueva progresión de cifras fuera del objetivo de inflación en todo el mundo. A todo esto, debe prepararse el amable lector con prudencia en la palanca financiera, sensatez en la inversión de su cartera, con coberturas cambiarias y de tasas de interés y cautela general en el actuar.
Artículo publicado originalmente en el periódico El Norte, el 30 de septiembre de 2026.
Por Jorge A. Martínez, profesor de Economía y Finanzas de EGADE Business School.