Anything Goes?
Un articulista de The Economist argumentó hace poco que los tiempos que corren en Estados Unidos se pueden definir en una frase: “Todo se Vale” (Anything Goes Era). Es una exageración, pero no del todo, cuando menos en lo que toca a la errática política comercial, que no parece tener reglas ni restricciones. De ello se deriva seguramente la principal fuente de incertidumbre económica que caracteriza al horizonte mundial relevante. En congruencia, la prudencia es, para hoy y para mañana, la virtud por excelencia.
Una línea de crédito prudente
Hace apenas unos días, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ratificó la vigencia para México de una Línea de Crédito Flexible (LCF), por el equivalente a 24,000 millones de dólares. El comunicado del FMI destacó, por una parte, los buenos fundamentos económicos del país y, por la otra, la incertidumbre y los riesgos que presenta la economía mundial.
La LCF es un instrumento de “carácter precautorio” cuyo propósito es reforzar las reservas de activos internacionales, que, a su vez, sirven para enfrentar presiones generadas por condiciones adversas sobre las cuentas externas —comerciales y de capital—. Considerando que el sistema económico mundial atraviesa por una etapa de reestructuración cuyo término desconocemos, la LCF renovada tiene un carácter prudencial conveniente.
El primer acuerdo de ese tipo se firmó en 2009. La LCF se ha venido reduciendo por decisión de México. Así, de 88,000 millones de dólares en 2017, pasó a 74,000 en 2018; a 61,000 en 2019; a 50,000 en 2021; y a 35,000 en 2023, para llegar a los 24,000 ya mencionados.
Una de las razones para la disminución descrita ha sido, por supuesto, el extraordinario aumento de las reservas. Para no abusar de las estadísticas de la paciencia lectora, basta con señalar que su nivel de octubre 2025, de cerca de 250,000 millones de dólares, es el triple del registrado en 2009. ¿Son las adecuadas? Una “regla de dedo”, aceptada incluso por el FMI, sugiere que el nivel de reservas internacionales debe ser equivalente al menos a cuatro meses de importaciones: la disponibilidad actual cumple con esa norma.
Finanzas públicas e inflación
Sobre la salud de las finanzas públicas, la breve nota de prensa subraya la reversión de “la expansión fiscal de 2024”. Sin embargo, plantea la conveniencia de “una consolidación de mayor alcance”, para evitar “aumentos adicionales de la deuda pública”. Por cierto, la consolidación referida ha significado, entre otras cosas, una inadecuada reducción de la inversión.
En cuanto a la inflación reciente, el FMI utiliza una frase condicional: “indicios claros de que la inflación está encaminada a la meta de 3% permitirían un relajamiento adicional de la restricción monetaria”. Los analistas del sector privado —yours truly incluido— continúan pensando que las señales aludidas no están tan claras; la meta no se alcanzará en el futuro previsible.
Dicho lo anterior, vale enfatizar que, frente a los riesgos derivados de las turbulencias de origen externo, la defensa más maciza consiste en la coherencia de las políticas públicas internas. Por ejemplo, una disciplina fiscal eficiente; una correspondencia estricta de la política monetaria con la estabilidad de precios; y, sobre todo, la creación de un marco institucional propicio para la inversión productiva, cuyo elemento principal es —sí, hay que reiterarlo— la vigencia del Estado de Derecho.
Estancamiento económico
Atento a lo que está sucediendo en México, el FMI señaló en el comunicado referido que la “actividad económica... sigue débil”. Tiene razón. La semana pasada, el INEGI publicó su estimación del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) correspondiente a octubre 2025, un índice que “adelanta” la estimación del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE). Tecnicismo aparte, el dato corroboró la idea de un estancamiento. Mala noticia. Ni modo. Es difícil que el crecimiento del PIB este año llegue al 0.5%.
Artículo publicado originalmente en Reforma.