Con tantas cosas pasando a la vez, ¿será que están conectadas entre sí? Que la curva larga de yields esté en máximos, que el dólar esté perdiendo valor, que se seque el carry-trade del yen, que la deuda americana esté incrementando a pasos alarmantes, que la Fed y el Tesoro de EE. UU. estén tratando de inyectar liquidez en el mercado y que las inversiones en los data centers estén girando a un escenario de “presa que desborda”.
Antes de encontrar el hilo conductor, demos tres pasos atrás. Se le llama Enfermedad Holandesa al fenómeno, por el que un recurso exitoso ejerce una fuerza gravitacional casi sobre todos los demás. En 1977, The Economist acuñó el término al ver que Holanda sufría las consecuencias del boom en su industria del gas dañaba su industria manufacturera. El descubrimiento del yacimiento Groningen en 1959 por tanto Shell como ExxonMobil causaron que, en primer lugar, capital, tierras y trabajo migraran hacia el sector en boom, drenándolos del resto y, en segundo lugar, que la nueva riqueza encarecía bienes no comercializables (renta, servicios): apreciara la moneda, lo que golpeaba la competitividad de las exportaciones manufactureras.
En la corriente central de analistas en la actualidad, sí existe la preocupación de los males que pueden acaecer por una enfermedad similar derivada del efecto del “movimiento celoso de recursos” hacia la tecnología de IA, por sobre todas las demás actividades, pues hay evidencia palpable de que los centros de datos absorben con bravura ingenieros, tierras (hay muchos casos de terrenos destinados a vivienda o a hospitales que por precios, han sido ganados por los grandes jugadores de la IA), infraestructura, agua, electricidad, insumos como cableado, metales, etc. y, rematando, claro, capital.
Este último es particularmente gravoso, pues absorbe una gran cantidad del recurso disponible en el mercado para todo (casi la mitad), especialmente vía bonos de medio y largo plazo, dejando al resto pelear por los mismos acreedores encareciendo con ello sus yields.
El segundo efecto de esta “enfermedad” se ha dado parcialmente, es decir, sí hay un aumento del gasto de los más beneficiados por el boom, que se ha traducido en mayores sueldos en el ecosistema de la IA, que disparan así mismo las rentas y costos en los hubs tecnológicos, expulsando a otros negocios. Sin embargo, esto no ha causado, como en Holanda y los casos en donde la ocurrencia se dio como el libro de texto (Nigeria, Indonesia y Venezuela por su petróleo, España y Portugal por el oro en las Américas, Chile con el cobre, entre otros), la parte del fenómeno que causa una apreciación de la moneda, quizás porque esto, viene de la exportación del recurso exitoso más EE. UU. no está exportando IA de esa forma, sino que más bien, se ha abocado sobre el gasto de capital doméstico.
A riesgo de mezclar muchos fenómenos a la vez, la economía americana se está endeudando a niveles muy peligrosos —esto es casi puro efecto Trump—, la inflación no ha cedido en realidad y el mercado está nervioso por esto y por el aumento implacable en las bolsas —casi todo debido al boom de IA—. Su forma de cubrir el riesgo es vender bonos del tesoro de largo plazo, encareciendo sus yields (que de paso, tienen una correlación de más del 80% con los mexicanos) y de paso depreciando al dólar. Otros países están en problemas fiscales y requieren liquidar bonos treasuries para financiarse, como Japón, pero para apuntalar su moneda, por ello —y con beneficios propios en su comercio exterior— EU ha intervenido el mercado del yen, apreciándolo y evitando así que venda treasuries suyos.
La Fed no se anima a subir tasas, esto deja expuesto al dólar. El Tesoro americano está recomprando sus bonos para detener la sangría en la curva larga y en pocas palabras, sí ha aumentado el riesgo de que las cosas se salgan de control. Las historias en las que una familia dedica todo el empeño a un solo hijo superdotado (Jackson el cantante, las dos hermanas Williams del tenis) producen que los demás hijos queden al margen y, es un riesgo palpable para el caso de una industria también, pero sobre el tiempo de un desenlace, es imposible opinar.
Artículo publicado originalmente en El Norte, el 25 de agosto de 2026.
Por Jorge A. Martínez, profesor de Economía y Finanzas de EGADE Business School.