En un ensayo reciente, un prestigiado profesor de economía (Barry Eichengreen, et al., U. de California, Berkeley) dice: "Lo que limita la política fiscal no es, de por sí, el monto de la deuda, sino el costo de su servicio". Más que un concepto técnico complejo, lo dicho es puro sentido común. En palabras sencillas, la deuda pública es un problema si el pago de los intereses correspondientes es muy alto en comparación con los ingresos del fisco.
El escrito aludido tiene relevancia porque sucede que, según los datos del Economic Report of the President (2026), en 2015 los intereses (netos) pagados por el gobierno federal de Estados Unidos representaron el 6.9% de sus ingresos totales, pero subieron a 18.5% en 2025. (Este último porcentaje es mayor que el correspondiente al gasto militar). El ascenso fue abrupto a partir de 2021, y se explica por la expansión del gasto financiado con endeudamiento y por el alza de la tasa de interés.
En México, el llamado Costo Financiero del Sector Público, como fracción de los Ingresos Presupuestarios, ha pasado de 9.6% en 2015 a 15.9% en 2025. Esta es una forma poco frecuente de expresar la preocupación por la situación actual y potencial de las finanzas públicas. En los medios de comunicación, la manera más común es destacar el crecimiento de la deuda como porcentaje del PIB o el aumento del déficit, también como proporción del PIB.
El examen de esas otras estadísticas del mismo tipo ha dado lugar al resurgimiento de las sugerencias sobre la "necesidad" de una reforma fiscal. Sin embargo, noto que casi siempre tal idea se enfoca sesgadamente sólo en los ingresos (un aumento de impuestos), dejando fuera de consideración la magnitud y la composición del gasto. A mi juicio, esa no es la manera correcta de enfocar la cuestión.
Dos aclaraciones:
- La semana pasada me ocupé en estas páginas de comentar la debilidad de la trayectoria de la inversión, tanto la total como la privada. Para el caso, usé varias cifras. Una de ellas fue la referente a lo que oficialmente se llama Inversión Fija Bruta. Lo que destaco ahora en negritas significa que el indicador en cuestión pretende medir la acumulación de capital físico en la economía (maquinaria y equipo, edificios, etc.), pero no resta de ella la parte que se deteriora o se destruye por el uso o por el paso del tiempo. Así pues, no se trata de un índice de la Inversión Fija Neta, es decir, de la adición efectiva a la capacidad productiva de la economía. Esto implica que la preocupante debilidad referida es más acentuada que lo revelado por los números citados.
- También la semana pasada, puse entre paréntesis una frase que dejé incompleta por un "error de dedo", pero que, además, para su entendimiento, necesitaba ser situada en el marco apropiado. Aquí va la frase en cuestión: "De paso: provocar inquietudes sobre el ahorro no ayuda mucho, que digamos". Debí decir: "De paso: provocar inquietudes sobre el ahorro —la declaración de la ministra L. Batres— no ayuda mucho, que digamos". Precisiones de redacción aparte, lo relevante de veras es el contexto económico: por definición, el ahorro es la diferencia entre el ingreso y el consumo. Así pues, sólo se puede invertir lo que se ahorra. Un impuesto a las herencias constituye un desincentivo al ahorro y, por tanto, un factor negativo para la inversión.
Artículo publicado originalmente en Reforma el 20 de julio de 2026.
Por Everardo Elizondo, profesor de Economía de EGADE Business School.