La dependencia estructural de las importaciones de China
La economía mexicana está expuesta a cambios en las cadenas globales de suministro, tensiones geopolíticas y a las nuevas reglas comerciales en Norteamérica. Entender cómo ha cambiado la composición de las importaciones mexicanas resulta clave para interpretar la evolución del comercio exterior del país.
Los datos mensuales de importaciones entre enero de 2006 y noviembre de 2025 muestran que las compras mexicanas a China han crecido a un ritmo superior al de las importaciones totales del país. Durante este periodo, las importaciones nacionales se multiplicaron por 3, mientras que las provenientes de China lo hicieron por más de 6. Esto revela que el país asiático no solo acompañó el crecimiento del comercio exterior mexicano, sino que incrementó significativamente su peso dentro de este.
En términos acumulados comparables de enero a noviembre, las importaciones desde China pasaron de 20.4 mil millones de dólares en 2006 a 105.0 mil millones en 2025. En el mismo periodo, las importaciones totales de México crecieron de 234.7 a 605.8 mil millones de dólares. Como resultado, la participación de China dentro del total importado aumentó de 8.7% a 17.3%; es decir, su peso relativo prácticamente se duplicó.
Estos datos reflejan que la relación comercial entre México y China ya no puede entenderse únicamente como una mayor entrada de bienes manufacturados asiáticos. Los productos chinos forman parte cada vez más importante de la estructura productiva y de consumo nacional. Esto puede tener efectos positivos, por ejemplo, al permitir el acceso a insumos competitivos para distintas industrias, pero también implica incrementa la dependencia en ciertos productos o sectores, lo que puede aumentar la vulnerabilidad ante disrupciones de las cadenas de suministro.
La primera administración de Donald Trump y el inicio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China no generaron una ruptura inmediata en la participación china dentro de las importaciones mexicanas. Entre 2017 y 2019, las compras mexicanas a China crecieron 18.1% respecto de 2016, una cifra prácticamente igual al crecimiento de las importaciones totales (17.6%). Más que un cambio abrupto, ese periodo mantuvo la trayectoria previa.
El cambio más importante se produjo después del choque provocado por la pandemia. En 2020 se registró una contracción generalizada: las compras desde China disminuyeron 11.6% respecto a 2019, mientras que el total nacional cayó 15.9%. Sin embargo, la recuperación fue más rápida para China. En 2021 las importaciones de ese país crecieron 35.8%, por encima del avance de 32.0% del total nacional. Lejos de perder relevancia, después del impacto inicial del COVID, China mantuvo e incluso reforzó su papel como proveedor estratégico para México.
En la composición sectorial también se identifican cambios importantes. Las importaciones provenientes de China siguen concentrándose principalmente en maquinaria y equipo eléctrico, aunque esta categoría ha perdido peso relativo. Entre enero y noviembre de 2006, las cinco principales categorías HS2 concentraban 80.1% de las importaciones provenientes de China; para el mismo periodo de 2025, esa proporción descendió a 75.7%. Al mismo tiempo, el número efectivo de categorías aumentó de 3.7 a 5.2, mientras que los códigos HS4 con flujos positivos pasaron de 881 a 952.
En otras palabras, aunque la canasta de importaciones sigue relativamente concentrada, hoy es más diversa que hace dos décadas. La participación de maquinaria continuó siendo la más importante, pero bajó de 69.7% a 57.4%. En cambio, la categoría de transporte aumentó de 2.1% a 12.2%. También crecieron las compras de plásticos y cauchos, textiles, productos químicos y manufacturas relacionadas con aluminio, hierro y acero. La presencia de China en las importaciones mexicanas ya no se limita a un grupo reducido de bienes electrónicos o de maquinaria, sino que se ha extendido hacia más sectores industriales.
En este contexto, el nearshoring debe analizarse con cuidado. México puede estar atrayendo nuevas inversiones y fortaleciendo su posición manufacturera en Norteamérica, pero una parte importante de los insumos y bienes intermedios que utiliza continúa dependiendo de China. Esta situación genera oportunidades, pero también retos relacionados con el cumplimiento en temas de contenido regional, reglas de origen y resiliencia de las cadenas de suministro.
En conjunto, la evidencia muestra que la relación comercial entre México y China se ha vuelto cada vez más estructural. Las importaciones provenientes de China crecieron a un ritmo mayor al del comercio total, representando una proporción cada vez mayor de las compras externas de México y abarcando un número creciente de sectores productivos. Más que reducir las importaciones de China, el desafío está en entender qué bienes se están incorporando, en qué sectores se concentran y cómo se relacionan con la producción nacional y las exportaciones hacia Norteamérica, es decir, qué papel desempeñan en la estructura produtiva nacional. Solo así, se podrán diseñar mejores estrategias de política industrial, atracción de inversión y fortalecimiento de cadenas productivas que permitan aprovechar las oportunidades del nearshoring sin generar nuevas dependencias.