La deuda pública de Estados Unidos ha seguido creciendo en forma significativa. La Oficina Presupuestal del Congreso proyecta un aumento pronunciado en las décadas por venir, lo que ha renovado la preocupación entre los analistas. Las causas son conocidas: el incremento del gasto social (en salud y en pensiones); el peso de los intereses; la renuencia a elevar los impuestos, etc. Una de las varias medidas del tamaño relativo de la deuda la ubica en 155 % del PIB en unos treinta años. Ello ha dado lugar a la reiterada “búsqueda” de “soluciones” al problema.
Para encuadrar el asunto, es útil echar una ojeada al pasado no muy lejano. Como puede verse en la gráfica, el cociente deuda/PIB aumentó abruptamente en 2020, debido a la enorme expansión del gasto público, cuyo propósito fue contrarrestar los efectos depresivos del COVID-19. Pasada la crisis, la fracción se redujo, pero no regresó al número que tenía antes de la pandemia.
Este proceso es una muestra más de la validez de una hipótesis famosa en las finanzas públicas, conocida con el nombre de la Ley de Wagner, la cual postula que, con el paso del tiempo, los gobiernos tienden a expandir la escala de sus actividades. Una de sus expresiones, elaborada por R. Musgrave, es de especial importancia: frente a circunstancias excepcionales —como una pandemia— los gobiernos aumentan sus erogaciones, pero, una vez pasada la emergencia, encuentran que “necesitan” seguir gastando cuando menos una fracción del incremento previo.
El asunto se complica porque cobrar impuestos conlleva un costo político, y los gobernantes prefieren recurrir al endeudamiento para financiar su gasto. El resultado es un alza escalonada de los pasivos. Las flechas en la ilustración enfatizan lo sucedido durante la década más reciente.
En una conferencia presentada hace poco, N. G. Mankiw (profesor de economía en Harvard) examinó cinco formas de detener el alza del cociente deuda/PIB. El listado es aleccionador (cuando no obvio):
- Acelerar el crecimiento del PIB.
- Decretar un impago de la deuda.
- Imprimir dinero (es decir, causar una inflación).
- Reducir el gasto.
- Aumentar los impuestos. (The Fiscal Future, NBER).
Sin sorprender a nadie, el citado profesor llegó a la conclusión de que la medida con más probabilidad de ocurrencia es un incremento de la carga tributaria. Para el caso, se inclinó por la adopción de un impuesto al valor agregado, argumentando que es menos dañino que los impuestos al ingreso (tiene razón), y que Estados Unidos tiene una carga impositiva más baja que, digamos, Europa (un hecho, pero no una demostración convincente).
¿Hay una crisis fiscal en puerta? No. Pero se está gestando con rapidez. Al respecto, Mankiw repite un diálogo muy citado, tomado de una de las novelas de Ernest Hemingway: “—¿Cómo quebraste? —De dos maneras: primero, gradualmente; y, luego, de repente.”
Todo lo anterior se resume en una advertencia añeja y contundente que se encuentra en la literatura económica: “Solo hay dos medios de pagar por el gasto público: impuestos hoy o impuestos mañana.” Vale recordar que, de hecho, la inflación es una forma de imposición no legislada y regresiva.
El futuro económico (en México)
El Fondo Monetario Internacional actualizó sus pronósticos de crecimiento y aumentó significativamente la previsión correspondiente a la economía mexicana para 2025. Específicamente, lo situó en 1 %, cuando el anterior era solo 0.2 %. Fue una noticia bienvenida, en un ambiente en el que escasean las buenas nuevas.
Sin embargo, me parece que resultará demasiado optimista. ¿Por qué?
Primero, porque la variación del PIB real durante los dos primeros trimestres fue apenas 0.6 % y 1.2 %, respectivamente.
Segundo, porque los indicadores adelantados del PIB (conocidos por las siglas IGAE e IOAE), referentes a julio, agosto y septiembre, mostraron cambios negativos (-0.1 %, -0.3 %, -0.6 %), y delinearon, por tanto, una tendencia descendente.
Y, por último, porque el crecimiento que tendría que suceder en el último tercio del año debería ser inusualmente alto para alcanzar el 1 % del FMI.
Artículo publicado originalmente en Reforma.