El 18 de marzo, el Fed usó sólo dos párrafos de su comunicado de prensa para fundamentar su decisión de mantener sin cambio su tasa de referencia. (No sorprendió a nadie, pero seguramente molestó al Presidente Trump). Sólo uno de los miembros del comité encargado de la política monetaria votó a favor de una reducción de 1/4 de punto porcentual.
En realidad, el banco se limitó, primero, a describir en los términos más generales la situación económica y, luego, a enfatizar la incertidumbre dominante, destacando en ello las implicaciones de la guerra en el Medio Oriente. Obvio. Por eso, el “mercado” había “previsto” la pausa.
Lo cierto es que los datos más recientes sobre la economía estadounidense avalan lo hecho por el Fed:
a) El crecimiento anual del PIB real en el último trimestre de 2025 fue 2%, más o menos la misma cifra que la observada a lo largo del año;
b) En febrero, la inflación al consumidor siguió “algo elevada” (dice el Fed, sin mencionar el 3.0% registrado en enero), y por arriba de la meta (2%, “en el largo plazo”), pero no tiene niveles, digamos, críticos; por otra parte, la inflación al productor creció 0.7% en el mes, un alza claramente preocupante, sin duda influida por el alza abrupta del petróleo;
c) La tasa de desempleo ha aumentado ligeramente, pero en febrero de este año se situó en 4.4%, sin mucho cambio respecto al pasado inmediato, y cerca de lo que se considera “pleno empleo”.
Algunos analistas continúan opinando que el Fed bajará la tasa dos o tres veces en el segundo semestre de 2026. Quién sabe. Eso dependerá, supongo, de muchos factores imponderables, es decir, difíciles, si no es que imposibles de estimar en este momento. Por ejemplo, ¿sabrá alguien de veras cuánto durará la guerra entre Estados Unidos-Israel vs. Irán? (El conflicto Rusia vs. Ucrania tiene ya cuatro años y no se le ve final. No pretendo ser cruel, pero en su inicio hubo quien opinó que acabaría en semanas).
Sea como vaya a ser, el Fed sigue enfocando su visión en un horizonte de corto plazo, a pesar de que no ignora, por supuesto, que el impacto de la política monetaria sobre la inflación no es inmediato. De hecho, como ya apunté, el Fed define la meta de 2% como algo a lograrse “en el largo plazo”… lo que se traduce en un compromiso cómodamente impreciso.
En suma, pienso que en esta ocasión el Fed actuó con prudencia, que es una de las cuatro virtudes cardinales.
Como quiera, y para terminar, comparto sin reservas el juicio de Raghuram Rajan, un eminente ex banquero central: la política monetaria debe centrarse en dos aspectos clave de la estabilidad: la estabilidad de precios y la estabilidad del sistema financiero (Monetary Policy and Its Unintended Consequences, MIT Press, 2023).
Por cierto, en alguna parte del texto citado, Rajan sugiere dos virtudes para el quehacer de la banca central: moderación y humildad. Muy pertinentes en una época dominada por el exceso y la prepotencia, en todos los órdenes.
El Banco de Brasil bajó su tasa de referencia en 1/4 de punto porcentual, y la situó en 14.75%. Ello, a pesar de apuntar como riesgos para la inflación la persistencia de la inflación del precio de los servicios; la desconexión de las expectativas inflacionarias del mercado con la meta; y la influencia negativa de factores externos. (El fraseo es mío). La decisión parece incongruente.
Artículo publicado originalmente en Reforma.