El Fed anti-inflacionario (y una nota sobre precios)

Artículo publicado originalmente en la sección Glosas Marginales del periódico Reforma.
Economía
Everardo Elizondo
21 Septiembre, 2026
Everardo Elizondo

En mi artículo del pasado día 7 dije lo siguiente, a manera de conclusión: “Así pues, aventuro mi opinión: el Fed, el banco central, elevará su tasa de interés de referencia en 1/4 de punto porcentual la próxima semana. El discurso más reciente de su presidente, Kevin Warsh, avala esa posibilidad. Sin embargo, esto último no significa que el resto de los miembros del comité decisor coincida con su juicio”. La primera parte del párrafo resultó un acierto casual (el 1/4 de punto porcentual de aumento); la segunda, una falla típica: la votación del comité fue unánime (12-0). El episodio es una muestra más de los peligros que implica el azaroso oficio de pronosticador.

La unanimidad de la decisión sugiere dos apuntes: 

  1. Fortaleció la imagen de independencia del Fed frente al poder político; y, 
  2. Sirvió para dispersar en algo la inevitable crítica que recibió, y seguirá recibiendo, Kevin Warsh, su presidente. De hecho, ya ha habido quien calificó al comité como “hostil”.

Me parece que la argumentación y el tono del comunicado de prensa no dejan mucho espacio a la duda: es muy probable que el Fed realice otro incremento —si no en octubre, entonces en diciembre—. ¿Por qué?

Por varias razones: 

  1. La inflación está por encima de la meta oficial, y no hay en el horizonte algo que sugiera una despresurización significativa; 
  2. La guerra no tiene visos de terminar; 
  3. La actividad económica mantiene su vigor; 
  4. El desequilibrio fiscal sigue creciendo; 
  5. El mercado de trabajo está en pleno empleo; 
  6. etc.

El costo del crédito seguirá alto.

Una guerra y dos precios

El inicio de la guerra Estados Unidos vs. Irán provocó un aumento inmediato significativo del precio internacional del petróleo. En promedio, en febrero de este año, el precio referido se situó cerca de 70 dólares por barril: dos meses después, alcanzó un máximo de casi 115 dólares.

Esa alza abrupta provocó, entre otras cosas, un incremento también pronunciado del precio de la gasolina en Estados Unidos. Es lógico, porque se trata de algo determinado por las fuerzas del mercado: cuando se encarece el insumo, por lo común se encarece el producto. En la gráfica, la línea azul ilustra lo sucedido: en sólo tres meses, dicho precio aumentó más de 50%.

PRECIO DE LA GASOLINA EN ESTADOS UNIDOS Y EN MÉXICO

De paso: el asunto se ha convertido en factor político negativo para la administración Trump —en vísperas de las “elecciones intermedias”, que pueden alterar la composición actual tanto de la cámara de representantes como la del senado—, ambas controladas ahora por los republicanos.

En México, la situación es muy distinta. Para todo fin práctico, el precio de la gasolina está determinado por el gobierno federal, entre otras formas, porque controla y limita la importación. Esa característica explica dos aspectos clave, que se aprecian con facilidad en la gráfica: 

  1. La peculiar estabilidad del precio (el adjetivo no es excesivo); y, 
  2. Su mayor nivel en comparación con el observado allende el Bravo. Aún en mayo 2026, cuando el precio en Estados Unidos alcanzó un “pico”, el precio en México lo excedió en 16%. La diferencia, ya se sabe, propicia contrabando.

El tema admite un comentario adicional: como el precio (semi)oficial de la gasolina en México es superior al que se establecería en un mercado competitivo, la diferencia implica una carga que pagan los consumidores.

Finalmente, vale notar que México es un importador de gasolina. En febrero, el valor de la compra correspondiente fue mil millones de dólares; en junio, la cifra se duplicó.

Artículo publicado originalmente en Reforma, el 21 de septiembre de 2026.

Por Everardo Elizondo, profesor de Economía de EGADE Business School.

Autor

Everardo Elizondo
Finanzas y Economía para los Negocios

Líder Académico