¿Dónde está la buena vida?

Artículo publicado originalmente en la sección Glosas Marginales del periódico Reforma.
Economía
Everardo Elizondo
29 Diciembre, 2025

La semana pasada, The Economist publicó un artículo con un título muy atractivo: "¿Qué países tienen el mejor estándar de vida?". Para contestar la pregunta, echó mano de un indicador creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP), llamado Índice de Desarrollo Humano (HDI). Entiendo que la invención del HDI fue una respuesta a la crítica de que el PIB es un indicador razonable, pero demasiado estrecho. Alguna vez me ocupé de esa estadística en estas páginas.

Fuere como haya sido entonces, estimulado ahora por el artículo referido revisé los números más recientes del HDI. En lo que sigue, destaco algunos de los más relevantes. Antes, es importante recordar que el HDI se construye a partir de tres subíndices: la esperanza de vida al nacer; la oportunidad de recibir educación; y, el nivel del ingreso nacional bruto por persona. Los datos del HDI cubren a 193 países y se refieren al año 2023.

En verdad, los resultados no son muy sorprendentes (salvo los que atañen a ciertos casos, como señalaré más adelante). Así pues, ¿qué países tienen el mejor estándar de vida? Los primeros cinco son todos europeos: Islandia, Noruega, Suiza, Dinamarca y Alemania. Los últimos cinco son todos africanos: Nigeria, Chad, República Centroafricana, Somalia y Sudán del Sur.

En América del Norte, Canadá ocupa el lugar 16 en la lista y Estados Unidos el 17; México se ubica en el sitio 81. En lo que toca a este último, es importante notar que, al compararlo con sus “similares” de América del Sur, se encuentra que Chile, Argentina y Perú tienen un HDI superior.

China es un ejemplo espectacular de mejoría a lo largo de los decenios más recientes, y ya es una potencia económica mundial. Sin embargo, todavía tiene una enorme población en la parte rural (alrededor de 500 millones), relativamente lejos de la modernidad; quizá por eso, su HDI la coloca en el sitio 78.

Volviendo a nuestro país: en términos del HDI, la Ciudad de México tiene el primer lugar, y Nuevo León el segundo, según CONAPO.

Una extensión del tema

Al examinar la trayectoria y la dispersión del HDI entre países, tanto la ONU como otras instituciones han enfatizado un par de hechos muy significativos: 1) la pandemia causó un descenso absoluto del HDI global, que quebró la tendencia ascendente observada hasta 2019; y, 2) algunas naciones se recuperaron pronto y por completo, como las integrantes de la OCDE. Otras, en contraste, se rezagaron; muchas de ellas se localizan en África.

Frente al atraso aludido, la ONU ha propuesto como remedio, desde luego, la transferencia de recursos de los países ricos a los más pobres. Tal recomendación es sólo una repetición de una receta cuya utilidad ha sido cuestionada por la experiencia de muchos (muchos) años, una y otra vez. Hace medio siglo, Peter Bauer reiteró las limitaciones del enfoque (Dissent on Development). En 2006, William Easterly publicó una crítica devastadora al respecto (The White Man’s Burden).

Como quiera, la idea sigue siendo muy popular entre burócratas, políticos, activistas, do-gooders y cantantes. Bien intencionados, por supuesto, pero no muy realistas.

La pobreza es el producto de una maraña complicada de factores históricos, sociales, políticos, institucionales y tecnológicos. Es cierto que los países pobres necesitan transferencias, pero de las ideas que han mostrado su eficacia como generadoras del progreso: la inserción de la economía en el comercio mundial; el imperio de la ley; la adopción de la tecnología disponible; y, sobre todo, la liberación de la iniciativa, el esfuerzo productivo y la creatividad de la población.

Varios casos extraordinarios de éxito, como Singapur y China —y en menor grado Corea del Sur— han mostrado que superar el subdesarrollo no depende de la “ayuda externa” (foreign aid), sino de la capacidad de acomodar a las circunstancias internas los modelos exitosos en otras latitudes.

Me iré de vacaciones en enero.

Artículo publicado originalmente en Reforma.

Autor

Everardo Elizondo
Finanzas y Economía para los Negocios

Líder Académico