China Forever

Artículo publicado originalmente en la columna Riesgo y Valor del periódico Reforma.
Economía
Jorge Arturo Martínez
29 Julio, 2025

Descontamos China como un monstruo conquistador de países débiles. Como un bulldozer demoledor de avanzadas tecnologías. Como un exportador de bienes basura de baja calidad. Como un comunismo con algunos aspectos abiertos al mercado y, como la nación que quitará la escala, el poder, la hegemonía a los EE. UU.

En todo esto hay verdades, pero todos éstos son también mensajes simplistas, pues la realidad seguramente será mucho más compleja que eso.

Para comenzar, el mercado de bonos de largo plazo de China es aún muy pequeño relativamente, es decir, no hay bonos públicos de más de 10 años, que puedan respaldar las operaciones que requieren los bancos centrales para decidir el mantener al Yuan como reserva de valor (hay aproximadamente 800 billones de USD de bonos largos en China vs 8,000 billones en los EEUU, esto es, 10 veces más), por lo que concluir que China no tarda ya en ser el emisor de la única moneda de reserva a nivel global, es una grave exageración; el dólar, con todas sus dolencias, lo será aún por un largo tiempo.

En segundo lugar, China experimentará un cierre de fronteras en su contra por parte de países de la OECD y quizás también otros bloques, pues su estrategia de vaciar sobre los países que se lo permitan todo tipo de manufacturas a precios subsidiados, afectando la competitividad y la supervivencia de industrias enteras en los mercados de sus socios comerciales, ha causado y seguirá causando una fuerte reacción de oposición en ellos.

Esto le resta dinamismo a su estrategia de “conquistar los terrenos de los norteamericanos” como se teme en los medios. No obstante, ayuda a su estrategia el financiar proyectos de infraestructura y combate a la pobreza como token a cambio de lo primero.

Tercero, China persigue un objetivo doble con el desarrollo de sus industrias domésticas, por un lado, el que sean poderosas en volumen y avance tecnológico, con el apoyo público a la investigación y el desarrollo de procesos de última generación, pero por otro, el impacto social sobre la población del país entero y de la cultura republicana del bien común que es embebida desde la niñez en toda la población; esto, en sí mismo, excluye a la corporación china de competir en los mercados bursátiles, pues sus utilidades y su crecimiento de ventas y márgenes no van dirigidos a maximizar, como las firmas del oeste, sino a compartir la riqueza, lo cual deriva en un mercado que, simplemente, no otorga a los privados un retorno atractivo.

Cuarto punto, China no tiene un sistema de seguridad social sólido ni el apoyo de las familias (que son, a crédito de la política de un solo hijo, muy pequeñas) por lo que su idea de ahorro se ha expresado en bienes raíces y la sobreoferta que se dio hacia los años del 2012–2018 y luego su propio crash en la pandemia, será un trago que los sofoque por varias décadas.

No obstante, debemos elevarnos un poco sobre el plano de lo que nos da la mirada el día de hoy y poner los ojos al nivel de la historia y sus gruesos trazos. Bajo ese cáliz, China es a EE. UU. lo que los EE. UU. fueron a Inglaterra y compañía hace 100 años.

China tiene ya el doble de capacidad manufacturera que EEUU, mucha mayor capacidad tecnológica y naval. Cuando la productividad se va igualando, naciones con mayores poblaciones y alcance dominan.

EE. UU. durante el Siglo XX lo hizo contra U.K., Alemania y Japón y al final también contra Rusia.

El día de hoy es EEUU quien está en peligro inminente de perder por escala y volumen la primacía contra China (un líder ruso de la Guerra Fría dijo: “Cantidad trae su propia calidad”). En esta era (mencionan los investigadores Campbell & Doshi), la ventaja estratégica está con quien puede operar a gran escala. EE. UU. no puede, China sí.

Al parecer entonces, China dominará el mundo muy pronto, pues la única forma de pararlo es con una coalición de co-creadores de poder, no de dependientes, como lo ve EEUU; pero además, comenzaría el esfuerzo en su peor recuadro, con un Trump ensimismado y aislacionista, que a golpes de arancel, se está quedando sin aliados. Así, solo veremos a China forever.

Artículo publicado originalmente en Reforma.

Autor

Jorge Arturo Martínez
Finanzas y Economía para los Negocios

Profesor del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios