Centered Leadership: Mujeres que se abren paso en la alta dirección

Cuando las mujeres lideran desde su autenticidad, las organizaciones se transforman: son más humanas, más innovadoras y sostenibles. ¿Por qué nos está tomando tanto tiempo aumentar su participación en el C-Level?
Ética
Sostenibilidad
Lourdes Ocampo Coria
13 Noviembre, 2025
Lourdes Ocampo

En un entorno empresarial que demanda respuestas ágiles, decisiones con propósito y liderazgo resiliente, la participación de mujeres en puestos de Alta Dirección y Consejos de Administración sigue siendo una tarea pendiente. Las cifras confirman la urgencia: en América Latina, solo el 28% de los cargos ejecutivos están ocupados por mujeres, y su representación en Consejos se mantiene por debajo del 10%, según datos recientes de Grant Thornton (2024) y McKinsey (2023). A pesar del avance en políticas de diversidad e inclusión, los techos de cristal persisten —y lo hacen en formas más sutiles—, pero igual de efectivas para excluir.

La transformación de este panorama requiere mucho más que cuotas. Exige una revisión profunda del tipo de liderazgo que cultivamos y de las estructuras que validamos. No se trata solo de incluir más mujeres en las cúpulas, sino de repensar cómo lideramos, desde dónde lo hacemos y con qué objetivos.

Es en este contexto donde el enfoque del Centered Leadership, desarrollado por Joanna Barsh durante su trayectoria en McKinsey & Company, ofrece una propuesta poderosa y profundamente humana. Un modelo que no busca «corregir» a las mujeres para que encajen en modelos masculinizados de poder, sino acompañarlas a liderar desde el centro de su propósito personal, profesional y colectivo.

El modelo de Barsh es una invitación a redefinir el liderazgo desde cinco dimensiones clave que conectan la experiencia interna con el impacto externo: sentido, energía, mentalidad positiva, conexión y acción comprometida (involucramiento).

  • Sentido: En un entorno donde la presión por resultados inmediatos puede desdibujar el rumbo, reconectar con el propósito es un acto radical. Las líderes que tienen claridad sobre por qué hacen lo que hacen, y para qué, no solo toman mejores decisiones: inspiran entornos más humanos, éticos y sostenibles.
  • Gestionar la energía: El liderazgo efectivo se refleja en la capacidad de sostener la visión, inspirar y movilizar a otros. En contextos donde las mujeres enfrentan dobles o triples jornadas (laborales, familiares y emocionales), aprender a cuidar y administrar su energía se vuelve un recurso estratégico.
  • Mentalidad positiva: Es la capacidad de resignificar experiencias adversas, aprender de ellas y volver a intentarlo con mayor claridad. Las mujeres líderes enfrentan con frecuencia la duda sistémica —de otros y de sí mismas—; reencuadrar esas narrativas es clave para avanzar.
  • Conectar: Las redes profesionales siguen estando marcadas por patrones de exclusión. Acceder a espacios de influencia requiere relaciones sólidas, pero también un entorno que legitime esas conexiones. Fomentar alianzas estratégicas entre mujeres y con aliados es un componente fundamental del cambio.
  • Involucrar: Liderar es actuar, decidir, exponerse. Las mujeres que han llegado a posiciones de poder con impacto suelen tener un punto de inflexión: un momento en el que decidieron dejar de esperar permiso y asumir su lugar, con valor y responsabilidad.

Sin embargo, cabe resaltar que el desafío no es solo individual, es sistémico. Se trata de que las mujeres aprendan a navegar mejor un sistema diseñado sin ellas, por lo que el verdadero reto está en transformar ese entorno, incorporando estilos de liderazgo que históricamente han sido invisibilizados o desvalorizados. Estilos más empáticos, colaborativos, con visión de largo plazo. El tipo de liderazgo que es más necesario en tiempos de incertidumbre.

Por eso, además de capacitar más mujeres, hoy necesitamos cultivar espacios donde el liderazgo femenino pueda florecer con legitimidad, con acompañamiento, con redes de apoyo y con la confianza institucional necesaria para tomar decisiones de alto impacto.

En distintos momentos, hemos diseñado programas para convocar a mujeres que ya ocupan posiciones de influencia y que buscan hacerlo desde un lugar más auténtico, más alineado con su visión del mundo. Hemos adoptado el modelo de Centered Leadership como pilar de iniciativas orientadas a impulsar el liderazgo de mujeres en organizaciones complejas. Estamos convencidos de que es una responsabilidad ética frente al contexto actual y especialmente para las generaciones que vienen.

Women Leading Organizations nace de esta convicción: crear un espacio riguroso y reflexivo donde las mujeres puedan liderar con propósito, construir redes de confianza, fortalecer su impacto e incidir en decisiones que transforman.

No se trata de sumar más y más cursos o talleres a un CV, sino de activar una comunidad de líderes que ponga en el centro lo que históricamente ha sido periférico: el bienestar, la visión colectiva, la integridad, la diversidad de perspectivas. Eso también es competitividad.

Se requiere entonces hablar de nuevas formas de liderazgo. Formas que reconozcan la complejidad de los entornos, y que tengan como eje el factor humano. Incorporar enfoques como el planteado por Joanna Barsh es muy relevante para el desarrollo individual de mujeres líderes y también para la transformación de nuestras empresas, consejos y estructuras de poder.

La pregunta ya no es si debemos incluir a más mujeres en la Alta Dirección —eso es una prioridad estratégica—. La verdadera pregunta es cómo vamos a acompañarlas para que lideren con propósito, ejerzan influencia con legitimidad y transformen con impacto. Y, sobre todo, si nuestras organizaciones están dispuestas a evolucionar con ellas… o seguirán aferradas a modelos de liderazgo que ya no responden al presente ni al futuro.

Artículo publicado originalmente en Revista Mejores Prácticas.

Autora

Lourdes Ocampo Coria

Profesora de EGADE Business School en Guadalajara