“¡Esta generación no quiere estudiar!”, decía mi padre enfurruñado en los años 80’s; un médico que daba clases de patología por las mañanas en la universidad. Él era de la generación silenciosa (nacidos desde 1923 hasta el ’45); sus alumnos eran “boomers” (1946 al ’65). Él me reclamaba mi propio aprecio por los estudios —él pagó— siendo que la mitad de su carrera se la financió él mismo trabajando en las clínicas del IMSS.
Este privilegiado (¡) corresponsal es GenX (nacidos del ’65 al ’80) y he dado clases sobre todo a Millennials (’80 al ’96) y a GenZ (’96 al ’16).
Es fácil para mi generación reclamar a las generaciones jóvenes una plétora de quejas relacionadas a su debilidad en afrontar la dureza que la vida nos presenta a todos. ¡Pero yo sufrí los reclamos de mis mayores y ellos los de los suyos! ¿Que no es cierto que mi abuelo fue casi el único que terminó carrera de contador en los albores del siglo XX? ¿Que no se iba caminando por horas a la escuela?, seguramente pudo echar eso en cara mi padre (y según él, lo hacía). ¿Que no sacó mi bisabuelo a toda la familia adelante sin estudios y en pleno Porfiriato y plena revolución? Seguramente lo echó en cara a mi abuelo también.
¿Que no es la vida un carrusel? ¿Hay algún problema nuevo? No podemos sumar sin calculadora tan rápido como los abuelos, pero ¿hace falta teniendo Excel?, ¿acaso deberíamos mandar a pie a nuestros hijos a la escuela habiendo transporte disponible, para que tengan “la experiencia real”?
Parece haber ciertos principios que se cumplen siempre:
- La ciencia es acumulativa y cada vez hay más tecnología disponible y barata.
- Esta —al menos en parte— está dirigida a hacer nuestra vida más fácil, segura y cómoda.
- El cuerpo y la mente requieren trabajar —y entre más arduamente mejor— para mantener la salud, la lucidez, la creatividad, la innovación.
- Es mejor y más resistente y útil un humano afilado y audaz que uno chato y flojo.
Si estas verdades no tuvieran estorbo, entonces hay un problema: cada vez y con cada nueva generación ganamos y perdemos, pero empieza a hacerse el saldo negativo.
Estos otros principios son universalmente suscritos también:
- La vida está llena de sufrimientos (la muerte comienza al nacer, el clima y el comportamiento humano son erráticos, las leyes no se cumplen a la perfección).
- La tecnología no logra contrarrestar el sufrir, sólo lo adormece o lo posterga.
- El sufrimiento es bueno al final, pues purifica, enfoca y forja el carácter, pero las comodidades enmascaran esta verdad.
- Sólo te haces bueno en aquello que practicas mucho.
Por todo esto, esta es mi carta a los GenZ: Estimado cohorte entre 8 y 29 años, me dirijo a Uds. con sumo cariño y respeto. Les ofrezco alabanzas y advertencias, pues son el futuro del mundo y su esperanza. Son Uds. una generación muy diversa, muy sensible a los flagelos, pues son activistas férreos para ello. Son Uds. muchos en cuanto a su identidad, loable también —con el riesgo de dedicar mucho tiempo al tema—. Sus finas habilidades tecnológicas traen y traerán mucha productividad fresca a toda actividad humana, y esto es portentoso y único. Con un corazón generoso y respetuoso de los demás, es un placer convivir.
Tengo solo dos advertencias, ambas multiformes:
- En las relaciones humanas, deben aspirar a fortalecerlas, entrañar mucho más, con sus abrazos, sus silencios y la riqueza del cara a cara; eso les falta (dice el Centro Pew).
- La ubicuidad de los dispositivos, pues eso les ha convencido que pueden con ellos librar la experiencia del sufrimiento humano (como reprobar evaluaciones de todo tipo, las críticas, la soledad, etc.), pero esto es no solo imposible sino peligroso, pues la experiencia humana se vive por contrastes (una gran alegría viene solo después de una gran tristeza).
Procuren, pues, abrirse más temprano que tarde a la desazón y las congojas, para que, ejercitados en ello, puedan ofrecer lo mejor de Uds. y sin lastres, a un mundo que los necesita encarecidamente. Esto es como conclusión, consabido: ninguna generación que critique a las siguientes podrá mantener su lozanía y, son Uds. ¡Cero cringe… cero ghosting… super chill!
Artículo publicado originalmente en El Norte.