Atraer inversión global ante la incertidumbre del T-MEC


El atractivo de México no debe depender del bajo costo ni de sus alianzas comerciales, sino de una capacidad productiva que debe seguir fortaleciendo.
Economía
Jorge Enrique Velarde
13 Febrero, 2026

México suele aparecer en los rankings internacionales como una de las economías más dinámicas de América Latina, un entorno favorable a los negocios y atractivo para la inversión gracias a, entre otras cosas, los tratados comerciales que ha firmado, la cercanía con Estados Unidos y su integración en las cadenas globales de valor.  Sin embargo, ante la incertidumbre por la reedición del T-MEC, alimentada por los últimos choques dialécticos entre sus principales socios en materia comercial –Estados Unidos y Canadá—, resulta necesario reconocer otras palancas para la inversión.

La estabilidad macroeconómica, un mercado de más de 120 millones de personas y una infraestructura productiva en expansión explican, en parte, por qué México puede continuar siendo un destino relevante para la inversión. Ha dejado de ser asociado a la maquila y mantiene una posición central en la industria automotriz, aeroespacial, electrónica o la de dispositivos médicos – los cuales operan bajo estándares tecnológicos elevados, con procesos complejos, certificaciones internacionales y requerimientos de capital humano altamente especializado— y sigue captando proyectos asociados al reacomodo global de las cadenas de suministro. México ya no compite únicamente por ofrecer costos bajos, sino por su capacidad productiva, entendida como la posibilidad real de absorber, sostener y escalar nuevas inversiones en un entorno más exigente.

Uno de los indicadores más claros de este cambio es el mercado inmobiliario industrial. El precio promedio nacional de renta de naves industriales se sitúa alrededor de los 7 dólares por metro cuadrado mensual a mediados de 2025, con incrementos anuales cercanos al 8 por ciento. En corredores estratégicos como Monterrey, Tijuana, Ciudad Juárez o el Bajío, los niveles superan con holgura ese promedio. Este comportamiento no es consistente con la imagen de un país que compite fundamentalmente por ser barato. Es más bien el reflejo de una demanda productiva que presiona una oferta limitada de espacio industrial.

Existen más de 470 parques industriales distribuidos en 28 estados del país, que albergan a más de cuatro mil empresas y generan alrededor de 3.7 millones de empleos. Las proyecciones hacia 2030 anticipan una expansión relevante tanto en número de parques como en metros cuadrados disponibles, así como un aumento significativo del empleo asociado. Estas cifras muestran que la inversión sigue llegando, pero también sugieren que el principal desafío ya no es atraer capital, sino contar con la infraestructura, los servicios y los insumos necesarios para acompañar ese crecimiento sin fricciones.

La logística se ha convertido en otro factor decisivo. La reorganización de los flujos de carga aérea y terrestre, el mayor peso de ciertos nodos logísticos y la creciente importancia de la conectividad multimodal evidencian un sistema productivo más complejo. Para muchas empresas, la decisión de invertir en México ya no se reduce a comparar salarios o incentivos fiscales, sino que incorpora variables como tiempos de traslado, confiabilidad operativa, saturación de infraestructura y capacidad de respuesta ante disrupciones. En este contexto, la logística deja de ser un tema operativo para convertirse en una condición estratégica.

La heterogeneidad regional del país ilustra bien esta transición. Municipios como San Pedro Garza García registran niveles de producto interno bruto per cápita cercanos a los 80 mil dólares anuales, comparables con economías avanzadas; mientras que amplias regiones del país continúan insertas en esquemas de bajo margen, con limitada transferencia de conocimiento y escasas oportunidades de escalamiento. Este contraste plantea retos importantes: el encarecimiento del suelo industrial, la saturación de ciertos corredores logísticos y la presión creciente sobre recursos estratégicos como la energía y el agua muestran que la capacidad productiva se ha convertido en un factor limitante.

Las estrategias tradicionales pueden resultar insuficientes, pues la competitividad pasa cada vez más por la provisión de infraestructura, la certidumbre regulatoria, la formación de talento técnico y la articulación de cadenas de proveeduría más complejas. México permite operaciones más sofisticadas y una integración más profunda a las cadenas globales, pero no es un espacio libre de cuellos de botella. Elegir ubicación, diseñar cadenas de suministro y planear crecimiento requiere evaluar la capacidad local y los costos que emergen cuando ésta se vuelve escasa.

Si bien México ha dejado atrás la lógica de competir solo por bajos costos y ha avanzado en la sofisticación de su aparato exportador, enfrenta limitaciones derivadas de su capacidad productiva y la desigualdad regional. Entre la maquila como punto de partida histórico y la sofisticación como aspiración, México se mueve en una zona intermedia que exige menos triunfalismo y más decisiones respaldadas por evidencia.

Artículo publicado originalmente en Forbes México.

Autor

Jorge Enrique Velarde
Finanzas y Economía para los Negocios

Profesor del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios