Una de las ideas más populares sobre el comercio exterior se resume en unas cuantas palabras: exportar es "bueno"; importar es "malo". De ahí se deriva la noción de que un déficit comercial (cuando el valor de las importaciones excede al valor de las exportaciones) es, de por sí, un problema. Hay gobernantes que incluso identifican la existencia de un déficit como una "pérdida", y que toman medidas drásticas para intentar transformarlo en un superávit; es decir, según su visión, en una "ganancia". La cuestión se complica de veras cuando esa aritmética simple se aplica en forma bilateral; esto es, no al resultado del comercio de un país con todos sus socios, sino con uno solo en particular.
Para aclarar el asunto, quizás conviene "aterrizarlo" refiriéndolo al caso mexicano.
Una parte importante de lo que se consume y de lo que se invierte en México está compuesta de bienes y servicios producidos en el extranjero (importaciones). Por otro lado, una parte significativa de lo que se produce en México se envía más allá de las fronteras (exportaciones).
En el 2025, según Banxico, las exportaciones mexicanas totales de mercancías fueron 664.3 miles de millones de dólares; las importaciones, 664.1 miles de millones. Ese mismo año, México tuvo un superávit de unos 302 miles de millones con Estados Unidos. Sin embargo, en lo que toca a servicios, México tuvo un déficit con respecto a su vecino del norte.
De acuerdo con las cuentas del Bureau of Economic Analysis, el saldo de la balanza de bienes y servicios de Estados Unidos con México resultó en un déficit de 190 mil millones de dólares en el 2025. Supongo que esa fue la cifra que dio base a la declaración reciente del presidente Trump, que la caracterizó como una pérdida para Estados Unidos.
En la realidad, el comercio a través de las fronteras no lo realizan las naciones (ni los gobiernos) sino las personas físicas y las empresas. Eso parece una obviedad, pero es muy importante para señalar un punto clave: si un intercambio se efectúa es porque quienes participan voluntariamente en él lo consideran beneficioso. No se necesita otra prueba al respecto para desechar la idea de una pérdida. Al contrario, se produce una ganancia para ambas partes.
Exportar significa destinar al extranjero una parte de lo producido internamente. A fin de cuentas, sólo tiene sentido porque así es como se obtienen los recursos (las divisas) necesarios para comprar lo que se quiere adquirir "de afuera".
El comercio, interno o internacional, se basa en el aprovechamiento, por parte de los involucrados, de sus respectivas ventajas comparativas. Eso es todo. Los afanes proteccionistas en curso son el vestigio de una concepción mercantilista, intelectualmente superada desde mediados del siglo XVIII.
Por cierto, México tuvo un déficit de 123 miles de millones de dólares con China en 2025. Seguramente tenderá a disminuir considerando los aranceles adoptados recientemente, derivados, sin duda, de las presiones ejercidas por el gobierno de Estados Unidos.
Debilidad de la capitalización en México
En los meses más cercanos al actual se ha registrado una mejoría en el nivel de la inversión en México. Por ejemplo, en junio del 2026 el índice correspondiente aumentó 5.8% con respecto al mismo mes del año anterior. Se trata evidentemente de una buena noticia. No obstante, conviene notar que, aun así, su tamaño es apenas 9% superior al que tenía en junio del 2015, lo que implica una tasa promedio anual de apenas 0.8%.
Está claro que la formación de capital físico avanza muy despacio. Por añadidura, los nuevos resultados de PISA muestran una grave deficiencia en la formación de capital humano. Así las cosas, es explicable el estancamiento de la productividad (según estima el INEGI).
Por Everardo Elizondo, profesor de Economía de EGADE Business School.
Artículo publicado originalmente en El Norte, el 14 de septiembre de 2026.