¿Saber de finanzas cambia cómo tomamos decisiones?

El conocimiento financiero influye en la comparación de productos, la búsqueda de asesoría y el control del gasto, pero su impacto depende de cómo se percibe, del contexto y del país.
Finanzas
Edgardo Cayón Fallon
14 Enero, 2026

Las decisiones financieras cotidianas pueden definir el bienestar económico de millones de hogares. Durante años, se ha promovido la educación financiera como una herramienta clave para mejorar estas decisiones. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 puso a prueba esa premisa en un contexto de alta incertidumbre, pérdida de ingresos y fragilidad institucional, especialmente en América Latina.

¿El conocimiento financiero realmente se traduce en mejores decisiones? ¿Qué pasa cuando se cree tener un nivel de conocimiento pero en realidad se tiene otro? ¿Cambió algo durante la pandemia? El artículo “Financial knowledge and financial behavior: evidence from five Latin American countries before and during the COVID-19 pandemic” (International Journal of Bank Marketing, 2025), publicado en coautoría con Juan Sandoval (Universidad de Georgia), María Antonieta Collazos y Julio Sarmiento Sabogal (Pontificia Universidad Javeriana), permite responder estas preguntas con mayor precisión. Con evidencia de Argentina, Colombia, Ecuador, México y Perú, el estudio ofrece lecciones relevantes para impulsar la educación financiera en la región.

¿Qué entendemos por conocimiento financiero?

Cuando se examina con mayor detalle, el conocimiento financiero revela distintas capas que explican por qué las personas no siempre toman las mejores decisiones. En la literatura especializada se distingue entre conocimiento financiero objetivo y subjetivo. El primero se refiere a la comprensión de conceptos básicos —como inflación, tasas de interés o diversificación del riesgo— y suele medirse con preguntas técnicas; el segundo alude a la percepción que las personas tienen sobre su propio nivel de conocimiento financiero, es decir, qué tan competentes creen ser para tomar decisiones económicas.

Aunque ambos conceptos están relacionados, no son equivalentes. De hecho, nuestro estudio muestra que la correlación entre estas dos medidas es baja. En otras palabras, no siempre quien sabe más se percibe como más capaz, ni quien se siente seguro necesariamente domina los conceptos financieros básicos. Mientras el conocimiento objetivo refleja habilidades técnicas, el conocimiento subjetivo captura confianza, autoeficacia y disposición a actuar. Entender esta diferencia resulta fundamental para analizar cómo las personas toman decisiones financieras en la práctica.

La pandemia como prueba de estrés financiero

La COVID-19 representó un choque sin precedentes para los hogares de América Latina. La pérdida de empleos, la reducción de ingresos, las restricciones a la movilidad y la desigual cobertura de apoyos públicos alteraron de manera abrupta las condiciones bajo las cuales se tomaban decisiones financieras. Decisiones aparentemente simples —como comparar un crédito o ajustar el gasto mensual— adquirieron una nueva complejidad.

Desde una perspectiva analítica, la pandemia funciona como una prueba de estrés para el conocimiento financiero. Si este conocimiento realmente ayuda a tomar mejores decisiones, su efecto debería volverse más visible en momentos de crisis. Nuestro estudio analiza precisamente este punto, comparando el comportamiento financiero antes y durante la pandemia en cinco países con realidades institucionales distintas, pero con desafíos estructurales comunes.

Comparar antes de decidir

La comparación de productos financieros —entre bancos, instituciones o alternativas dentro de una misma entidad— es una de las prácticas más básicas y, al mismo tiempo, más relevantes para el bienestar financiero. Comparar permite reducir costos, evitar productos inadecuados y tomar decisiones más informadas.

Antes de la pandemia, el efecto del conocimiento financiero sobre esta práctica era desigual. En algunos países, como Colombia y México, las personas con mayor conocimiento financiero objetivo tenían más probabilidades de comparar productos. Durante la pandemia, el panorama cambió. En casi todos los países analizados, las personas con mayor conocimiento financiero —especialmente subjetivo— mostraron una mayor propensión a comparar productos financieros. La incertidumbre y la presión presupuestaria parecieron romper comportamientos pasivos y fomentar decisiones más cautelosas. La confianza en el propio conocimiento jugó un papel clave: sentirse capaz de evaluar opciones facilitó la acción.

¿Pedir asesoría financiera o decidir solo?

La búsqueda de asesoría financiera es uno de los comportamientos más debatidos: ¿las personas con mayor conocimiento financiero buscan más asesoría porque saben aprovecharla mejor, o menos porque confían en su propio criterio? Los resultados muestran una diferencia clara entre conocimiento objetivo y subjetivo: quienes dominan (objetivamente) los conceptos técnicos suelen depender menos de apoyo externo, mientras que las personas que se sienten más seguras de su conocimiento (subjetivamente) son también más propensas a buscar asesoría, posiblemente porque saben cuándo la necesitan y cómo utilizarla.

Durante la pandemia, esta relación se volvió más matizada. En varios países, incluso personas con alto conocimiento objetivo mostraron una mayor disposición a buscar asesoría, reflejando una actitud más prudente frente a la incertidumbre. Sin embargo, las diferencias entre países fueron notables, lo que apunta al papel de factores como la confianza en las instituciones financieras, el acceso a servicios de calidad y el grado de inclusión financiera.

Gastar más de lo que se gana

Una de las señales más claras de fragilidad financiera es gastar por encima de lo que se ingresa. Nuestro estudio confirma que tanto el conocimiento financiero objetivo como el subjetivo se asocian con una menor probabilidad de incurrir en este comportamiento, aunque con matices.

Antes de la pandemia, en algunos países se observaba sobreconfianza: personas que se percibían como competentes, pero que no necesariamente ajustaban su comportamiento en consecuencia. Pero durante la pandemia, se alinearon percepción y acción, incentivando un mayor control del gasto entre quienes se sentían capaces de manejar sus finanzas. Este hallazgo refuerza una idea central: saber no basta. La capacidad de traducir el conocimiento en decisiones concretas depende, en gran medida, de la confianza para actuar.

Diferencias entre países

Nuestro estudio muestra que no existe una relación universal entre conocimiento financiero y comportamiento. El mismo nivel de conocimiento puede generar efectos distintos según el país, el momento y el contexto institucional. Factores como la inclusión financiera, la regulación, la estabilidad macroeconómica, la confianza en las instituciones y la experiencia histórica con el sistema financiero influyen de manera decisiva. 

Países con sistemas financieros más confiables y accesibles tienden a mostrar una relación más clara entre conocimiento y decisiones prudentes. En contextos más frágiles, el conocimiento puede no traducirse en acción o incluso generar efectos contraproducentes si se acompaña de sobreconfianza. Estas diferencias explican por qué las estrategias de educación financiera que funcionan en un país no necesariamente producen los mismos resultados en otro.

  1. Los resultados de este estudio ofrecen varias lecciones importantes para el impulso del conocimiento financiero:  La educación financiera sigue siendo relevante, pero no debe limitarse a la transmisión de conceptos técnicos: Fortalecer el conocimiento objetivo es necesario, pero insuficiente si no se acompaña de estrategias que desarrollen confianza informada y capacidad de acción (conocimiento subjetivo).
  2. El conocimiento subjetivo importa, pero debe alinearse con el conocimiento real para evitar riesgos asociados a la sobreconfianza: Programas que solo aumentan la percepción de competencia, sin una base sólida de conocimientos, pueden generar decisiones ineficientes.
  3. Es importante diseñar intervenciones sensibles al contexto: Las políticas de educación financiera deben adaptarse a las realidades institucionales, culturales y económicas de cada país, y considerar cómo cambian las decisiones en situaciones de crisis.

¿Saber de finanzas cambia cómo tomamos decisiones? La evidencia sugiere que sí, pero no de manera automática ni uniforme. El conocimiento financiero influye en la comparación de productos, la búsqueda de asesoría y el control del gasto, pero su impacto depende de cómo se percibe, del contexto y del país. La pandemia mostró que, en momentos de crisis, las personas con mayor conocimiento —y, sobre todo, con mayor confianza informada— tienden a actuar con mayor cautela.

Para América Latina, el reto no es solo enseñar finanzas, sino entender cómo las personas piensan, confían y deciden frente a la incertidumbre. Avanzar en esa dirección es clave para construir hogares más resilientes y sistemas financieros más inclusivos.
 

Autor

Profesor Edgardo Cayon Fallon
Finanzas y Economía para los Negocios

Profesor del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios