En el imaginario empresarial, los negocios familiares se caracterizan por la solidez de sus valores, arraigados en una tradición y reputación construida a lo largo de generaciones. Aspectos como el compromiso con el entorno, las relaciones de confianza y su vocación de largo plazo han conformado una imagen de trascendencia y legado positivo en la sociedad. Por ello, cabe esperar que este tipo de empresas se distingan también por el trato hacia sus empleados. Sin embargo, nuestro estudio basado en empresas brasileñas, “Exploring the influence of family ownership and management on employee-centered corporate social responsibility practices in Brazilian firms” (Corporate Governance, 2025), revela que el bienestar laboral no está garantizado y puede depender más del involucramiento de los miembros de la familia en la estructura de poder que de la idiosincrasia de la empresa.
Lejos de ser homogéneas, las empresas familiares muestran comportamientos distintos en cuanto a sus prácticas de responsabilidad social corporativa (RSC) hacia sus empleados. Durante años se ha asumido que las empresas familiares tienden a tratar mejor a sus empleados, gracias a su orientación relacional y su compromiso con el legado. No obstante, nuestro estudio muestra que, en promedio, la presencia familiar en la gestión o el control de la empresa no necesariamente se traduce en mejores prácticas hacia el personal. Entender estas diferencias ofrece lecciones concretas para mejorar la gestión empresarial.
Es importante reconocer que la categoría “empresa familiar” es demasiado amplia, abarca desde pequeños negocios informales hasta empresas con una gestión profesionalizada y prácticas corporativas institucionalizadas. El grado de participación en la dirección y la propiedad también influye: no es lo mismo una empresa donde la familia es sólo accionista que una donde también dirige la operación o controla el consejo. Cada uno de estos roles genera incentivos distintos, y, por tanto, resultados diferentes.
Gobernanza y los tres niveles de participación familiar
Lógicamente, los mecanismos de gobernanza en una empresa familiar son distintos a los de las no familiares, tanto en su estructura como en sus motivaciones. A diferencia de las empresas cotizadas, cuya propiedad suele estar más repartida, las empresas familiares se caracterizan por una mayor concentración de la propiedad, generalmente controlada por un pequeño número de individuos que suelen ser miembros de la familia.
Como resultado, la gobernanza de las empresas familiares se entrelaza con las complejas dinámicas familiares, lo que puede generar prácticas singulares y no generalizables. No obstante, nuestro estudio identifica tres niveles de participación familiar que afectan, de forma diferente, a las prácticas hacia sus empleados:
- Familia en el consejo de administración: Cuando la familia participa en el consejo, se observa una preferencia por los beneficios tangibles –como compensaciones y prestaciones— en detrimento de aspectos más profundos como derechos laborales, bienestar integral o diversidad (trato equitativo, no discriminación).
- Familia en la dirección ejecutiva: En este caso, el patrón es similar: se priorizan resultados operativos y eficiencia, lo que se traduce en mejoras en compensación, pero no necesariamente en prácticas como capacitación, seguridad o cultura organizacional.
- Familia como accionista principal: Aquí el efecto hallado en el estudio es más amplio y negativo: la concentración del control en manos familiares tiende a reducir el desempeño en prácticamente todas las dimensiones de RSC hacia los colaboradores.
Estos hallazgos desmontan la idea extendida de que este tipo de empresas son inherentemente benéficas para los trabajadores. En realidad, no basta con ser una empresa familiar para generar mejores condiciones laborales; depende de quién decide y con qué prioridades.
Enfoque transaccional vs enfoque relacional
Una de las aportaciones del estudio es la distinción entre dos tipos de prácticas de RSC hacia empleados: las transaccionales y las relacionales. Las primeras se refieren a elementos tangibles como salarios, bonos y prestaciones; las segundas abarcan dimensiones más profundas del entorno laboral, como bienestar, desarrollo, inclusión o seguridad. Como se ha visto, cuando hay presencia de la familia en el consejo o la dirección, se tienden a fortalecer las prácticas transaccionales —más visibles y de corto plazo—, mientras se debilitan las relacionales –más integrales y sostenidas en el tiempo—. Esto sugiere que muchas decisiones se orientan hacia resultados inmediatos, dejando en segundo plano aspectos que construyen compromiso y cultura organizacional.
Lo que está claro es que ambas dimensiones no son intercambiables. Es decir, pagar mejor no necesariamente implica ofrecer mejores condiciones laborales. Por ello, el verdadero reto para las empresas familiares está en equilibrar ambos enfoques, entendiendo que las prácticas relacionales son las que sostienen el desempeño y la cohesión en el largo plazo.
Lecciones para las familias empresarias
Más que cuestionar el modelo de empresa familiar, los resultados de nuestro estudio proponen distintas mejoras en términos de gobernanza y estrategia:
- Diseñar la gobernanza con intención: La distribución de roles entre propiedad, consejo y gestión no es neutra. Definir con claridad estos espacios permite alinear incentivos y evitar sesgos en la toma de decisiones.
- Introducir contrapesos al control concentrado: La concentración excesiva del poder puede limitar la incorporación de perspectivas externas y reducir la calidad de las decisiones, especialmente en temas relacionados con stakeholders.
- Evitar una visión reduccionista del bienestar laboral: La compensación es una condición necesaria, pero no suficiente. El bienestar organizacional depende de dimensiones más amplias que requieren inversión y consistencia en el tiempo.
- Profesionalizar la gestión sin diluir la identidad: El mensaje de fondo no es desplazar a la familia ni su idiosincrasia, sino fortalecer sus capacidades de decisión mediante estructuras más formales y procesos más robustos.
- Equilibrar eficiencia y sostenibilidad: Las decisiones dirigidas al corto plazo podrían comprometer la estabilidad organizacional si no se acompañan de prácticas que fortalezcan el compromiso y la cohesión interna.
Una oportunidad estratégica, no solo ética
En un contexto donde el talento se ha convertido en un recurso crítico, las prácticas hacia empleados trascienden la dimensión reputacional para convertirse en un factor central de competitividad. Las empresas familiares, por su naturaleza, cuentan con atributos que podrían favorecer esta transición: visión de largo plazo, identidad organizacional y capacidad de construir relaciones duraderas. No obstante, estos atributos no se traducen automáticamente en ventajas; requieren ser canalizados a través de estructuras de gobernanza que permitan equilibrar intereses, profesionalizar decisiones y alinear objetivos.
La diferencia competitiva de las empresas familiares no reside en su origen, sino en su capacidad para traducir sus valores en prácticas organizacionales consistentes. Y en ese proceso, la responsabilidad hacia los empleados no es un elemento accesorio, sino un reflejo directo de cómo se ejerce el poder dentro de la empresa.